Bueno, bueno. Todo el mundo habla de lo mismo y yo tengo que elaborar esta página sin poder hablar de don Felipe y su novia asturiana. ¡Qué le vamos a hacer! Me tendré que conformar con otras proezas femeninas sin referirme a la de Letizia Ortiz . Así que vamos con la de Raphaela Le Gouvello , una señora francesa que, como no sabía qué hacer estos últimos meses, pues se decidió a cruzar el océano Pacífico en una tabla de windsurf. Ayer llegó a Papete, la capital de la Polinesia y un lugar perfecto para exiliarse de todo después de 89 días de navegación a bordo de su pequeña embarcación. No es que fuera una tabla de las que vemos en la playa pero, al fin y al cabo, era una tabla de windsurf. Eso sí, tenía un airbag para enderezarse en caso de hundimiento, un teléfono vía satélite y paneles de energía solar entre otros adelantos. Claro que Raphaela alguna experiencia tenía, ya que en su currículo de navegante figura una travesía por el Mediterráneo y otra por el Atlántico, también en una tabla de windsurf. No cabe duda de que sus proezas tienen mérito; aunque conquistar a un real heredero, tampoco está nada mal. Ahora que, para proezas, las de los chinos que, según parece, están adquiriendo la costumbre de mover edificios enteros. Como lo oyen. La última machada ha tenido lugar en una remota provincia llamada Ningxia. Allí han movido 40 metros un edificio de nueve pisos y siete mil toneladas. ¿Qué les parece? Vale, vale, ya les explico. Al parecer, los currantes chinos serraron literalmente el edificio, le pusieron debajo una base de ruedas, levantaron la construcción con unas grúas y, hala, se la llevaron rodando para ponerla donde les pareció adecuado. No es este el primer caso en que los edificios cambian de sitio. Por lo que se ve, los ingenieros chinos se han picado bastante y, de vez en cuando, aparece en los noticiarios del país un movimiento aún más sorprendente. A mí, qué quieren que les diga, vivir en un piso sin cimientos me parecería una temeridad, pero a lo mejor es que, en el fondo, soy una conservadora. Y ya que tengo que prescindir (informativamente) del príncipe Felipe, me tendré que conformar con Carlos de Inglaterra , que anda de visita por la India y, la verdad, no he podido resistirme a ofrecerles una foto del hombre con sus gafas y su collar exótico para que, monárquicos o republicanos, saquemos un poco de pecho si nos apetece presumir de heredero. Carlos sigue dando vueltas al mundo haciendo imperio, mientras sus súbditos devoran los recuerdos del mayordomo de su difunta ex mujer y él mismo espera situaciones de bonanza para poder casarse de nuevo. Las comparaciones, ya se sabe. En vuelo Y la última del día, la verdad es que no tiene mucho de proeza porque, aunque vean al canciller Schröder meterse en la cabina de un Eurofighter , lo que no hizo fue pilotarlo. Pero bueno, ya saben que al mandatario alemán le encanta esto de que le hagan fotos en condiciones insólitas para un dirigente: jugando al fútbol, bebiendo cerveza y cosas por el estilo. Falta le hace al hombre, porque últimamente no le pinta demasiado bien. Así que, a golpe de foto, intenta remontar el vuelo aunque, en realidad no acabe de despegar. Los que despegan son otros, esos de los que no iba a hablar hoy y de quienes me da la impresión de que no he dejado de hacerlo. Espero que me entiendan, pero es que eso de compartir profesión con la elegida me ha tocado mucho la fibra sensible. Que tengan suerte, que la vida les sonría y que el amor no les abandone nunca.