El avión en el que nunca viajé

Alba Díaz-Pachín

SOCIEDAD

PETER MORGAN | REUTERS

24 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Habría estado bien volar a la velocidad del sonido entre Nueva York y Londres, sentada cerca de Joan Collins y de Bernie Ecclestone , matando el tiempo con varios tipos de champán y caviar y descendiendo del Concorde hacia una alfombra roja en un lujoso hangar de Heatrow para participar en una fiesta con el duque de Edimburgo o la modelo Joddie Kid . Pero no pudo ser. El único viaje que hice ayer fue desde mi casa al trabajo. No estuve en el último viaje del Concorde, que ayer se jubiló para siempre con el glamuroso pasaje que les he comentado. El paso a la reserva del exclusivo Concorde quedó certificado ayer, poco después de las tres de la tarde, hora de Londres. «Ahora puedo decir que no volveré a tomar este avión», decía Joan Collins entre lágrimas. Y es que, en los tiempos que corren, pagar cinco mil euros por un viaje a Nueva York es un poco supercaro. Tanto que los picudos aviones supersónicos han tenido que retirarse. Una pena. Adiós Concorde, el avión en el que nunca viajé. La otra protagonista del día es Shakira , la cantante colombiana que se encuentra grabando un disco en España, pero que ayer asistió a la presentación de su nuevo título: embajadora de Unicef. Normalmente soy bastante escéptica con los famosos volcados a causas universales, aunque he de reconocer que Shakira me ha sorprendido: «Creo que la educación es la clave del progreso, la mejor arma para luchar contra la pobreza». Hacía tiempo que no leía una verdad tan grande. Y es que Shakira es la promotora de una fundación que se llama Pies Descalzos y que trabaja para los niños más desfavorecidos de Colombia: «Pido a los gobiernos que dejen de alimentar el miedo, que no inviertan en armas y utilicen la palabra amor». También lo dijo Shakira, que no crean que estuvo todo el rato tan trascendental. La cantante no eludió preguntas cómo su futuro con Antonio de la Rúa. «Me gustaría tener hijos antes de casarme y que hicieran de pajecitos». Lo dicho, muy poco convencional. Y es que, cuando se tiene dinero, se puede emplear en cosas muy diversas. Una es crear una fundación y otra, por ejemplo, comprarse un pueblo entero. Lo ha hecho un jeque árabe esta semana. Se ha comprado todo el pueblo. La localidad se llama Peguera y está en la provincia de Barcelona. Le ha costado 3,6 millones de euros por una extensión aproximada de 3.600 metros cuadrados. Lo que no se sabe es lo que va a hacer el jeque en su nuevo pueblo que, dicho sea de paso, fue una colonia minera en el siglo XIX. Y ahora dos historias sobre la memoria. La primera gira en torno a un obrero brasileño que un buen día fue atropellado por un coche y perdió la memoria y el habla. Seis años después ha recuperado el habla y ha podido expresar algún recuerdo suficiente como para localizar a su familia. Y la otra es de un niño tibetano que, según la agencia oficial china, es capaz de recitar de memoria el poema épico más largo del mundo. Tiene 10 millones de palabras y se lo aprendió mientras dormía. O eso dicen.