Era todo un señor buque, un volantero de treinta metros de eslora que respondía al nombre de Scapiria. En lo alto de su proa portaba a la Virgen del Mar, la misma a la que se encomiendan las mujeres de Cedeira para que sus hombres regresen a casa sanos y salvos. Algunos (demasiados) han sacrificado su vida por trabajar en la pesca y ayer se les recordó en el lugar donde sucumbieron: en alta mar. Desde la proa de ese volantero se lanzaron coronas y ramos de flores al Atlántico para homenajear a los marineros muertos. Fue el momento de mayor emoción de la tradicional procesión marítima de Cedeira, en la que participaron cerca de un centenar de barcos y planeadoras (conocidas en Cedeira como zapatillas) que hicieron sonar al unísono sus sirenas. El Scapiria iba en cabeza. A bordo, las autoridades (las eclesiásticas y las municipales), la banda de Arca y cientos de espontáneos que se pelearon en el muelle por hacerse un hueco dentro del barco de la virgen. La ría ya quedaba atrás cuando empezó a circular la empanada y el vino. «Come, anda, que co estómago cheo te mareas menos». Este era el consejo del patrón mayor de la cofradía, Manuel Iglesias, justo en el momento en que las olas empezaban a jugar a una especie de montaña rusa que hizo tambalear las bebidas y algún que otro estómago.