He de confesar que cuando era pequeña la Semana Santa me daba miedo. Más que miedo, me aterrorizaba. Ya saben: los tambores y los ojos de los capuchones, (paparrones o costaleros, como los quieran llamar) y ese caminar casi marcial me ponían pálida. Ahora, bastante más crecidita, lo que me sigue impresionando son los rostros, pero no de los capuchones, sino de las imágenes que muestran dolor o tristeza, ¡en madera! Puro arte salido de manos envidiables. Y para que vean que no exagero, en esta página tienen una prueba. Es el Cristo de la Buena Muerte, que ayer salió en procesión a hombros de los legionarios (es su patrón) en Málaga. No empiecen ya a pensar que Alba es una de esas que solo piensan en la Semana Santa andaluza. Pues no. Me considero una fiel seguidora de las procesiones gallegas y admiradora de las leonesas. Este año, con tan poco tiempo libre se me acumulan los planes, pero ya tengo pensado pasarme, al menos, por tres procesiones: Astorga, Ferrol y Viveiro. De hecho, mientras escribo estoy casi con un pie en el coche para salir pitando hacia León. Por desgracia ya no llego a la de Genarín, la procesión nocturna y profana en honor a ese leonés bebedor, pendenciero y borrachín. Como imaginan, en ella el buen ambiente está garantizado. Pero sí llego a Astorga a ver la carrera de San Juanín. Sí, como lo leen, la carrera, no es una exageración. Cuatro costaleros hacen algo parecido a los cien metros lisos con San Juan niño a hombros. Por mucho que les diga, hay que verlo. Y como gallega, aunque haga una incursión leonesa, con cocido maragato incluido, no me pierdo parte del día grande en Ferrol. Ver a algunos amigos que son cofrades es una buena excusa para divertirse, aunque sea en la semana de pasión, ¿verdad? Página en Internet: