La protesta imparable

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

En realidad, esta página debería titularse así, VIDA, con mayúsculas. Es todo lo que pedimos, aunque sea tan difícil. Ayer, cincuenta mil niños de toda Galicia se dieron la mano, unieron sus corazones y pidieron que les dejemos, al menos, la Galicia que nos dejaron a nosotros. Limpia y llena de vida. Otra lección más. Otro grito de auxilio, porque el Prestige sigue vivo y amenazando. Porque el veneno sigue matando nuestras costas, porque la herida sigue abierta y porque todavía no estamos juntos. Los escolares que ayer unieron de la mano Muxía con Laxe tuvieron que sortear las dificultades del terreno, las inclemencias del tiempo y hasta las maniobras con las que pretendieron privarlos de los autocares. ¿Cuándo se darán cuenta de que no hay quién nos pare, de que nunca nos habíamos sentido tan heridos y de que somos ajenos a su pequeño juego político? Queremos que todo vuelva a ser como antes, pero también queremos que se nos oiga, que se nos vea; que se sepa que no nos hemos conformado y que llegaremos hasta donde haya que llegar. Aunque tengamos que recoger el fuel con las manos, aunque tengamos que contratar autobuses en Portugal. No somos unos pocos. Somos todos los que gritamos Nunca máis y los que ahora escribimos VIDA. Ayer fueron miles otra vez. Que nadie lo olvide. Somos un ejército de almas que sólo quiere recuperar lo que tenía. No nos pongan zancadillas.