El progreso nace en la aldea

Mar Gil OURENSE

SOCIEDAD

PILI PROL

El legado de un emigrante ourensano permite la creación de tres proyectos económicos pioneros que operan desde una aldea en el corazón de la provincia

01 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

En el olvidado garaje luce apenas su brillo el ampuloso Haiga que Ramón González Ferreiro paseó por tierras gallegas en 1949. En una breve estancia, tras 39 años de venturosa emigración mexicana, el mozuelo que abandonó la aldea paterna en busca de fortuna, dejó sentadas las bases de un proyecto educativo que hoy se apuntala en las nuevas tecnologías de la sanidad y el textil y en el futuro agrícola. Lo que realmente le interesaba a Ramón González Ferreiro eran la educación y, sobre todo, el inglés. Por ambos apostó en su testamento y en la documentación que permitió constituir lo que hoy es la fundación que lleva su nombre. Medio siglo después de su última visita a Galicia, en su pueblo natal brilla el trabajo de promoción de la entidad que promovió. La Escola Galega de Ecografía, el Instituto de Tecnoloxía e Deseño Textil y la Escola Silvo-pastoril son los tres buques insignia de una fundación que no ha olvidado el amor al inglés de su promotor. Así que, entre sus muchas y novedosas ocupaciones, incluye también una convivencia semanal en la lengua del imperio para los niños de la comarca. Residencia para niños Cuando González Ferreiro murió en 1980 se puso en marcha el proceso de activación de la fundación que él había constituido en 1949. En 1994 se concluyó la construcción del edificio social, concebido inicialmente como residencia para menores con problemas económicos. Un proyecto que acabaría truncado por el tiempo, las circunstancias y unas poco claras maniobras con la Iglesia al fondo. Hoy, esta fundación benéfico docente y de interés gallego apuesta con decisión por tres iniciativas. El Instituto de Tecnoloxía e Deseño Textil acaba de finalizar su segundo curso. Nació mediante un convenio con el Concello de Allariz y la Asociación Textil de Galicia y bajo el empuje de modistos como Adolfo Domínguez y Roberto Verino. ¿Su objetivo? Formar técnicos que surtan la demanda de la potente industria textil gallega, hasta ahora obligada a buscar personal especializado en el maná de la escuela catalana Felicidad Duce. Es esta firma la que gestiona el instituto. Compartiendo techo, celebran sus reuniones formativas a lo largo del año cientos de médicos de cabecera de toda Galicia, atraídos por el nivel de las enseñanzas de la Escola Galega de Ultrasonografía Clínica. A realizar las ya populares ecografías aprenden aquí los médicos gallegos y conocer la experiencia de destacados facultativos de toda España. La tercera gran apuesta de la fundación González Ferreiro es la Escola silvo-pastoril. Este centro constituye una auténtica escuela de pastores, eso sí, con la mirada en el futuro, innovadora, pionera y con proyectos de reactivación económica para toda Galicia. Aparte de estas tres joyas de la corona, la fundación se multiplica en propuestas. Tiene una residencia juvenil que lo mismo acoge a los alumnos del Instituto Textil que a muchachos de nueve países participantes en un campamento internacional. El primo del viejo Ramón, Gregorio Ferreiro, preside actualmente la fundación con 4.800 euros de activo financiero, en monedas de hoy. «Es un orgullo», como el mismo Gregorio explica mientras sus manos acarician el tapizado del viejo Haiga , aquél en el que Ramón González paseó en 1949 para asombro de casi todos.