De repente, el cielo se abrió y sobre Galicia cayó el diluvio con su carga de tragedia y destrucción. Nos cogió por sorpresa. Estábamos avisados para un temporal, pero no para un huracán preñado de desgracia y de dolor. Por la mañana nos sobrecogió la fuerza de la lluvia. Muchos perdimos el paraguas, un símbolo de nuestra identidad que ayer se mostró inútil para soportar la fuerza del huracán. En Vigo, incluso, alguna papelera se llenó de paraguas destrozados. Una metáfora como otra cualquiera. El día de los paraguas rotos. Por la mañana todavía no se habían desatado los dramas y en el Parlamento, afectado también por el temporal, se lo tomaban con humor. El sistema de ventilación natural para evitar la condensación en los lucernarios provocó algunas goteras que fueron a caer sobre el grupo del BNG. ¿Otra metáfora? Antes de que las quejas se dispararan, el presidente de la Cámara, José María García Leira , las zanjó con un contundente: «Máis perigo pasan os mariñeiros». No sabía cuánta razón tenía. Tras las goteras, llegaron los apagones. Justo cuando Miras Portugal se refería a la crítica situación en Argentina: «Non hai luz, pero hai taquígrafos», sentenció el conselleiro, Y siguió con su exposición. Poco después, la fuerza del temporal obligaría a todos a cambiar el tono. En el puente de los Santos, la vía que une Asturias y Galicia, el chófer de un camión de mudanzas se llevó el susto de su vida. El viento empujó el vehículo y a punto estuvo de provocar un desastre. Afortunadamente, nadie salió herido y bastó el trabajo de unos cuantos voluntarios para devolver los ejes del camión al asfalto. Ningún otro vehículo volvió a pasar el puente durante horas. El viento ya mostraba su cara más asesina, aunque lo peor aún estaba por llegar. Pasarán semanas, meses tal vez, hasta que nos recuperemos del golpe. Es posible incluso que veamos llegar la destrucción a nuestras costas y que, día a día, se nos parta al corazón y nuestras lágrimas caigan en una marea de fuel. Pero somos fuertes y somos grandes. En nuestras espaldas cargamos el estigma del poder de la Naturaleza que tan de cerca conocemos. Así que nos queda lo de siempre, levantar la vista y sobreponernos a la desgracia. Nos compraremos un paraguas nuevo y saldremos a esperar el siguiente temporal.