Una boda de altura

Alba Díaz-Pachín alba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

26 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Buena idea esa de casarse a 1.300 metros de altitud. Te garantiza un titular como el de hoy aunque, en este caso, no había que haber subido tanto para garantizar la altura. Si la novia es la hija de un ex-rey y primer ministro de un país como Bulgaria, pues ya está bien. Kalina y Kitín Muñoz se dieron ayer el sí en las faldas del pico Musalá, que es el más alto de los Balcanes. Como ven, ella lucía un vestido tradicional de la comarca que, de no ser por el color, parecería un burka. Y no crean, que eso de ir de negro era la primera idea que manejaba la novia y que, afortunadamente, se dejó convencer por su familia para mantener el virginal blanco (Supervirginal, diría yo, porque con tanto velo, el simbolismo queda absolutamente subrayado). Y es que la ceremonia tuvo sus excentricidades. Kalina, aparte de ir de negro, quería salir de una tienda de campaña que le había regalado un amigo de Kitín (ya saben que el novio se destaca, sobre todo, por su carácter aventurero, en el mejor sentido de la palabra). Y con respecto a lo de la tienda de campaña, no la pudieron convencer. A pesar de encontrarse en Bórovets, donde el padre de la novia, Simeón, posee un hermoso castillo, Kalina se mantuvo firme y salió de la tienda, instalada en el centro de un afamado balneario. Hay que respetar las extravagancias de las novias, que para algo son las protagonistas de las bodas. Pero a mí, que me gusta fijarme por donde van las tendencias de los trajes nupciales por si un día me vuelvo loca y me caso, tengo que reconocer que no lo haré con un modelo como el de Kalina. Ortodoxos y católicos Como el novio y la novia pertenecen a culturas algo diferentes, hubo oficiantes católicos y ortodoxos, que también es un signo de boda de altura, aunque sólo sea por el recuerdo de la boda entre don Juan Carlos y doña Sofía. Lo que también estuvo curioso fue lo de la televisión. Una cadena privada búlgara fue la única en retransmitir la boda en directo. Y citó en todo momento al padre de la novia como el rey Simeón. Para el resto de las cadenas, se trataba del primer ministro. Así que, entre pitos y flautas, la ceremonia le sirvió a Simeón como una magnífica publicidad entre sus administrados, que no sus súbditos. Algo así como lo que hizo Aznar con la de su hija aunque, de momento, nuestro presidente no tenga antecedentes regios. Entre los invitados, había representantes de algunas casas reales, aunque no de mayor nivel que la Infanta Cristina, y su marido, Iñaki Urdangarín. No es de extrañar, porque 400 de los invitados eran españoles. Y es que la familia de la novia pasó los malos tiempos en nuestro país. Así que casi fue una boda a la española pero, eso sí, sin exclusiva.