Cuestión de sombreros

Alba Díaz-Pachínalba.diaz@lavoz.es

SOCIEDAD

03 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno de los dos es el conselleiro de Emigración y el otro el jefe indígena y representante del pueblo Ashaninka, Guillermo Ñaco. Les propongo un juego: ¿Quién es quién? Efectivamente, lo han adivinado. El de la derecha es el conselleiro. La verdad es que la cosa estaba muy fácil. No había más que fijarse en como llevan el sombrero. Se nota claramente que Miras Portugal lo lleva con mucha menos naturalidad que el jefe indígena peruano. Bromas aparte, hay que felicitarse por este encuentro en el que Ñaco le contó al conselleiro cómo van los proyectos de cooperación que la Xunta financia en las selvas peruanas, en las que viven los Ashaninkas. El mejor chiste del mundo Les voy a contar un chiste a ver qué les parece: Dos cazadores se encuentran en el bosque. Uno de ellos se desploma. Parece que no respira y tiene los ojos vidriosos. El otro coge su teléfono móvil y llama al servicio de emergencia: «¡Mi amigo está muerto! ¿Qué puedo hacer?», pregunta, histérico. La operadora contesta: «Cálmese, yo le ayudo. Lo primero es asegurarse de que su colega está realmente muerto». Sigue un silencio y después se oye un tiro. De nuevo al teléfono, el cazador dice: «Ya está. ¿Y ahora qué?». ¿Se han reído? Si no lo han hecho quizás les gustaría saber que han despreciado el mejor chiste del mundo. O al menos el más votado en una singular prueba apadrinada por el psicólogo británico Richard Wiseman. Les advierto que en el experimento votaron casi dos millones de personas y hubo hasta cuarenta mil chistes, que dejaron de manifiesto las peculiaridades del humor en diferentes culturas. El que les he contado fue el más universal de todos. Rosa en el corazón Y casi me quedo sin sitio para contarles que ayer salieron las revistas del corazón con Rosa como gran argumento. Hay versiones para todos los gustos. Desde su padre, que dice que nadie la ha explotado, hasta ella misma admitiendo que tiene miedo. Pero les dejo a ustedes que profundicen.