El glamur más oscuro

Íñigo Domínguez ENVIADO ESPECIAL | MILÁN

SOCIEDAD

La pasarela de Milán, recientemente clausurada, es un circo de exhibición donde lo que no se ve es igual de interesante que lo que muestran las cámaras

02 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

«Tienes dos fitting, un call back y tres shows » . No es una conversación de dos pilotos, es Flavio, chófer de una de las principales agencias de modelos de Milán, que le explica a la ocho y media de la mañana a Amanda, top-model belga y muerta de sueño, el programa del día. Amanda entra en el coche y enciende el primero de los 20 ó 40 cigarrillos que fumará hoy. Y no sólo fuma eso. «Aquí se meten de todo -dice Flavio-, porros la mayoría, y en las fiestas, mucha coca». El avispado que lleva una modelo a un club gana una buena comisión. Las mejores discotecas resplandecen de gente perfecta. Otras muchas no salen y madrugan más frescas. Llevan su trabajo y su contabilidad con seriedad. Versace este año no paga más de 8.000 dólares por desfile. Max, booker de una agencia, dice que las mejores cobran hasta 24.000 euros. Erin, modelo cotizada, se queja: «Este año pagan poco». Dicen que en Nueva York algunos pagaron con vestidos porque no tenían dinero. «¡Joder! -exclama Amanda al ver la cita con un diseñador-. Éste no me apetece nada, con sus vestidos parezco una imbécil». Amanda sufre y parece aburrirse. Su trabajo de hoy es el siguiente. Fitting: probarse la ropa del desfile del día siguiente. Call-back: volver a la sede de un estilista que quiere asegurarse de que le gusta. Show : la culminación, la pasarela. Dice que es una vida dura: «Echo de menos a mi novio y tengo pocas amigas». Milán, que se cerró el martes y hoy cede el testigo a París, acogió durante nueve días más de 200 desfiles con lo que se supone que llevarán las mujeres el ??ó?i?? verano. Pero como en cualquier mundo de apariencias, es más interesante lo que no se ve. «Hay croatas de 15 años que se mueven con sus madres -dice Max, el booker -. Hay muchas casi niñas; ?ie?e ??e ?e? ?? ??d?e ? lloran cuando les va mal». Max parece un buen chico, pero cuentan de otros b??ke? que son unos «hijos de puta». Las agencias, que se llevan parte de l?? beneficio?, tienen derechos sobre las modelos ? ? ?ece? juegan con ellas y se las intercambian. En Milán hay 700 salones de muestra. La moda produce el 10% del PIB italiano. Un bolso del escaparate de Gianfranco Ferré parece normal, pero, ¡voilá!, cuesta 3.330 euros. Es divertido preguntar por qué es tan caro: los dependientes miran como si fuera obvio. Es como la razón por la que no hay cartel en la sede de Versace: «Si sa», se sabe. Máquina de hacer dinero Que esto es una máquina de hacer dinero se ve en el centro de Milán, en uno de los dos edificios de Armani convertido en un centro comercial sólo con tiendas Armani; hay hasta Armani Flores y Armani Dulces. Hace tiempo descubrió que ya puede vender de todo. Hay una nube de fotógrafos, sobre todo japoneses, que retratan cosas curiosas que lleven encima quienes asisten a los desfiles. Venden esas fotos a precio de oro para que copien los modelos. La proyección de la imagen es lo decisivo, porque los desfiles en sí son poca cosa. Tienen más retraso que duración. Empiezan media hora tarde y no superan los 20 minutos. Los espectadores -periodistas y compradores- ven pasar a las modelos de lado, como en la vida real, pero ellas llegan al planeta de frente, avanzando hacia el consumidor. Delante de la pasarela hay un centenar de fotógrafos, pero la impertinente visión lateral las muestra como androides de extraños movimientos sobre tacones de doce centímetros. Son mujeres inexpresivas y cuando muestran algún sentimiento suele ser de orgullo, vanidad o ambición. Los siete pecados capitales en forma de muñeca. ¿Cómo ha ido el día, Amanda? «Buf. Menos mal que acabo mañana».