Al borde del delito

SOCIEDAD

El principal escollo para ligarse a un chico en una macrodisco el sábado es el riesgo de acabar en comisaría si no le pides el carné

31 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Mal podía imaginar que en la macrodisco de Ordes la entrada está moralmente prohibida a los mayores de edad. La primera confirmación de que así es nos llega pronto. Para no hacer el ridículo bailando solas, preguntamos en un pub a qué hora deberíamos entrar y la media de edad. La primera respuesta es que a las dos, la segunda que 16-17 años. Empezamos bien. Sin embargo, y siguiendo los sabios consejos de Marujita Díaz y Sara Montiel, entramos ilusionadas en LP 45. Mi época de macrodiscos pasó por mi vida sin dejar huella, así que me quedé alucinada con: lo atractivas que son las chicas a los 17 (mal rollo), lo impolutos que están los baños y la cantidad de gogós que hay (sin muchas nociones de baile). Nada más entrar me pido una copa y un recuerdo me llega como una exhalación: Cacaolat con licor 43, la primera bebida de la adolescencia (igual que lo de Chispas, la colonia). Así que con ocho años menos en mi interior me lanzo a la pista de baile dispuesta a comerme el mundo. Tarda dos minutos en acercarse a mí un encargado de seguridad: «¡En la pista no se bebe. La copa te la tomas fuera!» ¡Que vergüenza! ¿Cómo se me escapó el detalle de que absolutamente naaaaadie está bebiendo? Supongo que pensé que eran todos abstemios (ja). Me voy con mi copita al lado de la barra y mis compañeras empiezan a reirse: ¿Qué, qué.....? Por lo visto, les hizo gracia una mirada libidinosa de un chico que pasó por detrás. Me doy cuenta de que es mi única oportunidad. Me acerco y le pregunto si hay algún sitio para ir después. El chico (Rubén) se queda sorprendido (ellos vienen y van en autobús como si de una excursión se tratara). Me cuesta sacarle conversación (está en Bachillerato), pero me hace reir. Lo mejor de estos ambientes es descubrir nuevas facetas de la noche: el dj dando lecciones de sexualidad (gritando a todo pulmón) y los alaridos del pincha recomendando precaución ante las miradas de la pandilla. Ya no aguanto la risa y tengo que salir corriendo. El autobús de jubiladas sale antes.