El chaval está solo en la pista central de Roland Garros, en París de la Francia. Y lo está porque llueve a mares, como se ve en la foto, pero bien podría ser porque todos están viendo el fútbol. De hecho, un compañero del periódico, al ver la imagen, dijo algo así como «anda, si Roland Garros es ahora». Y eso que juega Ferrero. Bueno, lo intentó, porque sólo pudo disputar el primer set y un juego del segundo contra Andrea Agassi, en los cuartos de final. A ver si hoy termina la faena y lo hace bien. Yo prometo seguirle, aunque esté sola. UÑAS DE CAMPEONATO. La que seguro que no sabe cómo le ha ido a Ferrero en París es a la seguidora portuguesa de la foto pequeña. Ya saben que asumo la importancia informativa del Mundial y, de seguir así, aún acabaré siendo aficionada. Bueno, por ahora no hay peligro en ese sentido. De hecho, me da igual cómo haya quedado Portugal, y si me fijé en la foto fue por las uñas. Son larguísimas, ¿no? y pintadas a dos colores, como la bandera lusa. Pero lo que me parece la pera es el escudo. ¡Es que tienen escudo! No sé cómo lo haría pero si fue por el sistema tradicional, no me imagino en cuánto le saldrá la manicura. Por cierto, para que vean la diferencia sustancial entre unos y otros a la hora de ver una foto. Cuando mostré la imagen a la banda de la viagra, se quejaron de las patas de gallo de la forofa; después se la enseñé a un compañero, y dijo algo como «un amigo mío tiene un reloj como este, de submarinismo». ¡Qué tropa! CUESTIÓN DE PELOS. Y de las uñas al pelo, que no salgo de la peluquería, vamos. El caso es que el peluquero de Monica Lewinsky ( y el de Linda Tripp (la que destapó el escándalo) han montado juntos un salón de belleza en el elegante barrio de Georgetown, en Washington. Para hacerse publicidad, Ismail Demir dice que, en el fragor de la noticia, la becaria se dejaba hacer, ya saben «me lie, me lie, me lie...»; en cambio, Bulent Bozdemir, el de Tripp, recuerda que era muy clara y exigente. MUJERES Y CIENCIA. Termino con más mujeres, que hoy estamos en todas partes, bueno casi. El responsable de Investigación del Gobierno de la UE, Rainer Gerold, denunció ayer en el seminario Mujeres y Ciencia que Europa no apoya a las féminas: «No sólo hay menos mujeres, sino que suelen sentirse incómodas y se percibe que no reciben suficiente ánimo». Casi nada. Como cuando empezó Margarita Salas y su director de tesis consultaba el trabajo con el que era su novio. Ya ven que a veces entre la teoría y la práctica media el abismo.