El hospital Clínico de Santiago abrió una consulta antitabáquica hace unos meses, que tampoco se libra ya de lista de espera. Sólo atiende a fumadores exteriores los jueves, a un ritmo de ocho a la semana, tiene 53 a tratamiento y hasta septiembre su agenda está completa. El secreto de este éxito reside en que al mismo tiempo que se deshabitúa del tabaco se enseñan estrategias para no engordar, uno de los mayores miedos de buena parte de las personas que desean olvidarse de la nicotina, explica Juan Jesús Gestal, jefe de Medicina Preventiva, el servicio que realiza la prestación. Se les asesora sobre alimentación y ejercicios físicos para mantener la abstinencia. El programa ofrece más facilidades al personal sanitario que les financia la mitad del tratamiento. Aunque el fumador no lo nota pues «cuesta como mucho igual que el gasto en tabaco. Y al cabo de dos meses, en los que se consigue abandonar el cigarrillo, todo es ganancia», afirma. Tras los buenos resultados, ampliaron la consulta al hospital de Barbanza. Además, han señalizado zonas para fumadores «y algunos profesionales decidieron dejarlo para ahorrarse la molestia de ir a esos lugares, que les quedan incómodos. Hay mucha motivación en los médicos como en enfermeros y personal administrativo», señala Gestal.