En Madrid no queda ni un gato. Y eso, hablando de Madrid, quiere decir ni un vecino. Por cierto, ¿Sabían que el apodo de gatos para los madrileños viene, según cuenta Adrián Curiel, del nombre que se le dio a un anónimo vecino que en el siglo XI se dedicaba a escalar la muralla para liberar la ciudad de los moros? Bueno, pues el caso es que la calle de Alcalá presentaba ayer este desolador aspecto porque todos los gatos habían salido en busca de otro tejado en el que maullar. Treinta horas de retenciones tuvieron que soportar algunos, pero eso no fue todo. Aquellos que hicieron cábalas mirando al sur, pensando en el agua mediterránea como bálsamo para sus penas gatunas se equivocaron de medio a medio. Olas de casi tres metros ponían las cosas en su sitio: para veraneo, Galicia. Porque mientras en Valencia tiritan, en Riazor se toma el sol; mientras en Cataluña la flota está amarrada, en Vigo se come pescado fresco. Los gallegos, perros viejos, nos reímos de la ingenuidad de los gatos y sabemos que han aprendido la lección. Ya lo dice el refrán, gato escaldado del agua fría huye.
UN HERMANO GRANDE. Ahora, contra mi costumbre, les voy a comentar un rumor pero, tranquilos, nada viperino (hoy no parezco yo). El caso es que en Galicia puede haber un gran hermano, ya saben, de los que a partir del jueves llenarán nuestras tertulias gracias a la tele. Pues según me comentan mis amigos de Santiago, Javier García de Searez Felipez puede estar en el grupo de los escogidos para la gloria catódica. Si es así, más de un asiduo a una conocida cafetería de la plaza Roja lo echará de menos y nosotros, casi seguro, lo echaremos de más, por aquello del uso y abuso de las cadenas.
PÉ TIENE CASA NUEVA. Penélope Cruz se ha comprado un apartamento en Manhattan valorado en 1,6 millones de dólares (¿no saben cuánto es? Pues unas quince veces el suyo o el mío). Y no se crean que el piso es la monda: son tres habitaciones en Chelsea (eso sí, cerca de la Séptima Avenida). Pero lo mejor es que la muchacha vive a caballo entre Los Angeles y Madrid y posiblemente no tenga ni tiempo para vivir en el apartamento recién comprado. ¡Y a mí que unos de esos magníficos pisos de La Marina me parece el mismísimo cielo...!