Hoy es el día de los regalos, ya lo saben, y yo también tengo una petición que hacerle a los Reyes Magos, y, para que vean lo buena que soy, no tienen que darme el gusto hoy mismo, sino durante este año. Verán, yo quiero un chico, pero no uno cualquiera, no se vayan a pensar. Lo primero, que sea guapo y rico, eso es fundamental porque las penas con dinero son menos penas y la belleza es, no me digan que no, una alegría. Pero, como ustedes comprenderán, yo soy materialista pero no tonta, así que además de esas dos cualidades fundamentales, el chico-regalo que le pido a los Magos (magia tendrán que hacer) debe lucir otras «prendas»: por ejemplo, que no se cele, es decir, no tenga celos de otros hombres pero tampoco de mi trabajo, de las horas que le dedico y de que además me divierta muchísimo; que no se acompleje por mi sueldazo (esto es una petición encubierta al director); que tenga cierto grado de exquisitez, o sea, que no se limite a tragar cervezas en el sofá; que no me atosigue con rollos matrimoniales, ¡yo, tan joven!, pero que tampoco ejerza de rollete-de-una-temporada; que me haga reír; que acepte sin poner cara de ¡qué horror! mi pasión por la ropa y la decoración, por las tiendas y los escaparates; que le brille la mirada cuando le cuento alguna cosa que no sea cotilleos de futbolistas; y, en general, que sin caer en la sensiblería sea sensible y sin resultar empalagoso sepa estar a mi lado. ALGO ORIGINAL. Dios mío, espero que hoy no haya un Ken al lado de mis zapatos. La que sí va a recibir un regalo, aunque algo raro, es Elita, una chica coruñesa. Es raro porque para su cumpleaños, sus amigos le han buscado algo nuevo: que cumpla 22 años. Elita tiene alguno más (muy poquitos más) pero sus amigos saben que ella necesita tener 22, que es lo que más desea. Y van y se lo regalan. Yo se lo cuento porque me ha parecido muy tierno y original, como si esto fuese «Doctor en Alaska». ROSCÓN SOLIDARIO. Y más de los Magos, pero esta vez en versión culinaria. Ayer los responsables de Aldeas Infantiles prepararon un roscón de Reyes de dos mil kilos que compartieron con miles de madrileños en la emblemática Puerta del Sol. El superroscón medía 14 metros de largo, necesitó de 3.700 huevos, 1.200 kilos de harina, y 200 de mantequilla y azúcar. Para «pasar» el roscón se sirvieron tres mil litros de chocolate caliente. Por supuesto, la fiesta contó con la presencia del alcalde de la villa, José María Alvarez del Manzano, que compartió escena con el cocinero, José Pedro Orio, y el presidente de Aldeas Infantiles, Juan Belda. Ah!, la sorpresa era proporcional al tamaño del roscón: dos fabulosos viajes. MÁS MAGIA. Y ahora, con un giro de cintura, cambio de asunto aunque sin dejar eso de la magia. El último rey absoluto de África, Mswati III de Suazilandia ?un estado miniatura entre Sudáfrica y Mozambique? obtiene el derecho a reinar un año más tras bailar la «danza invencible». No es broma, así que sigan leyendo: según la tradición, los reyes de este país pierden su derecho a gobernar si no son capaces de bailar la citada danza y no sólo el derecho a gobernar, sino la vida, porque se tienen que suicidar. Claro que la cosa tiene «magia»: la danza invencible es también invisible, porque debe hacerla en secreto y, hasta ahora, ningún rey de Suazilandia se ha suicidado. Por cierto, Mswati tiene 33 años (reina desde los 16), siete esposas, dos amantes y un millón de súbditos. UN DESEO. Termino hoy con una petición especial a los Reyes para todos mis lectores: que en este año que comenzamos siga habiendo espacio para el buen humor, aunque sólo sea en las pocas líneas que compartimos a diario.