San Cristóbal, la ITV religiosa

REDACCIÓN A CORUÑA

SOCIEDAD

J.M. CASAL

Monterroso, Baio y Pontedeume honraron al patrón de los conductores A muchos camioneros la fiesta les pilló a más de mil kilómetros de casa

10 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Mientras en Monterroso, Baio o Pontedeume los conductores celebraron ayer el San Cristóbal con desfiles, gaitas y sesión vermú, otros chuparon asfalto, broncearon el brazo izquierdo e hicieron kilómetros con la radio a tope. Para algunos, el verano es una gran road movie. A Lorenzo, que lleva dieciocho años sentado al volante del camión, la fiesta le pilló en Mataró cargando cajas de punto. «Nós festas temos poucas, dúas ou tres contadas ó ano e o San Cristobo, xa ves...», explica. Aunque no ha podido engalanar su camión con globos y flores como los devotos de Baio, Lorenzo se lo toma con humor. «Estamos en ruta, pero polo menos collemos color», dice. El moreno camionero, para él, marca estilo: «Un día nun restaurante, a camareira adiviñoume o oficio porque tiña o brazo esquerdo moito máis negro co dereito». Lorenzo toca el claxón para saludar a los colegas en ruta y, a mil kilómetros, las sirenas se mezclan con las gaitas del grupo Os Falcatrueiros y la charanga Os Amigos de Visantoña en Monterroso. Los habitantes de esta villa lucense entienden que conductores son todos, desde los que meten primera en un Volvo hasta los que cambian de marcha en un John Deer. Bicicletas, coches, camiones, vespas y vespinos formaron una gran serpiente que, según José Antonio Pereiro, desfilaron por la villa. Los taxistas de Pontedeume aparcaron también sus vehículos en el claustro de la iglesia parroquial y dejaron que el líquido sagrado regara sus coches para protegerlos, según La Voz de Ferrol, de las trampas de la carretera durante todo el año. El que tiene experiencia en bendiciones automovilísticas es Don Francisco, el cura de Baio. Según informa Santi Garrido, lleva 30 años salpicando a los coches que acuden a la procesión de San Cristóbal. Hace tres décadas, el parque automovilístico era mucho menor, pero pasaban más autos bajo el agua bendita del hisopo. Iban incluso más floreados, estilo jardín Versalles. Pero antes daban premios y ahora no. Ahora, ni parque, ni flores, ni hortensias. Pasan en segunda, giran, miran, parece que van a saludar pero en realidad se santiguan. Entre unas cosas y otras, contamos más de doscientos. Alguno se queda con cara de haber pasado la ITV religiosa, y hasta el año que viene. Don Francisco bendice en latín y en español: «Bendito seas, Señor, porque nos permites que con la ayuda de la ciencia y de la técnica tengamos medios y vehículos para hacer más eficaz nuestro trabajo, para trasladarnos de un sitio a otro». También recita la oración del automovilista: -Don Francisco, ¿e isto faille algo ós coches? -Home, ós coches moito non sei se lle fará, pero deste xeito pedímoslle a Deus que nos libere das forzas do mal. Y allí se queda el sacerdote ante su parroquia motorizada, la voluntaria y la casual que se apunta a recibir una ayuda divina, porque nunca se sabe.