Villalobos da la cara y justifica la retirada del óleo en el «peligro gravísimo» que supone

La Voz

SOCIEDAD

06 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Las autoridades sanitarias se enteraron hace escasamente cuatro días de que el aceite de orujo contenía un agente cancerígeno como el benzopireno. Pese a que el método de elaboración industrial que da lugar a la aparición de la sustancia tóxica se emplea desde hace tres años, Sanidad no tuvo constancia científica del fenómeno hasta que se lo comunicó Agricultura. La ministra de Sanidad, Celia Villalobos, dijo desconocer las advertencias realizadas por el CSIC de que el aceite de orujo de aceituna contenía concentraciones peligrosas del hidrocarburo. Ésta es, básicamente, la tesis que expuso ayer la ministra de Sanidad, Celia Villalobos, en su primera comparecencia desde que el martes pasado se pusiera en marcha la red de alerta sanitaria, al conocerse la existencia de aceite de orujo contaminado. Villalobos se defendió de las acusaciones de haber sembrado el caos y dijo que no podía escurrir el bulto cuando la salud pública estaba en juego. «El consumo continuado era un peligro gravísimo», apostilló Villalobos subrayó que no pudo atender la demanda de los empresarios de hacer una retirada ordenada del aceite a los largo de veinte días porque los nefastos resultados de análisis de las muestras precipitaron la decisión de inmovilizar las partidas. Los análisis no dejaban lugar a dudas. Así, algunas muestras analizadas superaban con creces los límites y llegaban a los 76,7 microgramos por kilogramo e incluso los 89 microgramos, mientras que la cantidad mínima apreciada era de 8,2 unidades. Tales concentraciones desbordan los dos microgramos, cantidad que puede ser asimilada por el organismo humano sin peligro, según los parámetros manejados por países con experiencia en el asunto. La ministra de Sanidad precisó que a la hora de adoptar la medida descartó informar al presidente del Gobierno, José María Aznar, porque no vio la «necesidad de alarmarle». Villalobos insistió una y otra vez en que hasta el día 4 no había datos concluyentes que aconsejaran la aplicación de actuaciones drásticas. «Se ha actuado de forma correcta. No había otra opción. No se podía mirar para otro lado», aseveró. Frente a las acusaciones de que su decisión ha provocado de forma innecesaria alarma social, dijo que había que actuar con diligencia. «No íbamos a llamar a las puertas de las casas para retirarlo, por poner un ejemplo exagerado», indicó. A su entender, era preciso retirar el aceite del mercado cuanto antes, porque «su consumo continuado lo convierte en un peligro gravísimo».