LOS NUEVOS ADOLESCENTES La supuesta polémica por el uso o no de uniformes escolares da paso a la tolerancia El uniforme escolar. Para sus defensores es, básicamente, un problema menos. «No te rompes la cabeza a la hora de pensar qué ropa le vas a poner», confiesa una madre. Además, evita comparaciones entre los chicos y polémicas sobre el vestuario. Para sus detractores, adolescentes sobre todo, aunque no les molesta demasiado llevarlo, es un poco «coñazo».
08 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.José estudia en Peñarredonda, un colegio de fomento del Opus Dei y lleva, claro está, uniforme. Si se le pregunta qué tal es llevar el uniforme, mira como preguntando, de qué hablas tío. Lo lleva desde que tiene uso de razón. Se encoge de hombros. «Está bien», dice. Vamos, que ni le mola ni le deja de molar. A las que sí les mola es a las madres del colegio de las Jesuitinas, en la Zapateira, que es por cierto, territorio de uniformes, de batas, jerseys de pico y faldas plisadas. «Es que ni te preocupas. Con dos o tres uniformes tiras todo el año. Bueno, con dos, no creo que nadie tenga tres. No hace falta cambiar ni del verano al invierno. Además así los chicos no hacen comparaciones», dice una de ellas. A sus hijos, como a José, ni les va ni les viene. Son demasiado pequeños, en las Jesuitinas sólo se estudia la primaria. Donde sí empieza a importar es más abajo, en los Maristas, donde van los alumnos que terminan en Jesuitinas. Allí chicos y chicas están en edad de presumir, y el uniforme no favorece. Miran con un poco de envidia a sus vecinos de los colegios públicos que van a clase como quieren. «Es un poco coñazo», dice una. Su amiga que sí va al público y se viste libremente, replica: «Pero así no te preocupas de lo que te vas a poner». Nadie tiene lo que quiere.