Los investigadores exigen que el Gobierno duplique la inversión para superar el retraso tecnológico de España Los investigadores se unen para pedir auxilio: más de seiscientos científicos españoles han firmado un manifiesto en el que reclaman el final del retraso tecnológico del país. El duro mensaje se dirige al Gobierno, a las empresas y al resto de la sociedad, con el objetivo de doblar la inversión en ciencia y colocarse al nivel del mundo desarrollado.
05 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El retraso científico y tecnológico sigue siendo «uno de los males de España», según los 614 investigadores que han firmado el Manifiesto de Madrid. En él, la elite y los peones de la ciencia española advierten a la sociedad de la importancia de la investigación para coger el tren del mundo desarrollado, a pesar de los avances políticos, económicos y sociales que trajo la democracia. En los noventa, sin embargo, la inversión pública en I+D se ha reducido hasta sólo el 0,8% del producto interior bruto (PIB), lo que sitúa a España a la cola de Europa, según Margarita Salas, presidenta del Instituto de España. El manifiesto recrimina este hecho a los distintos gobiernos que durante los últimos diez años han incluido en este apartado los gastos militares para argumentar que la inversión crecía. La más urgente demanda al actual Ejecutivo es que duplique su aportación hasta el 2% del PIB, y alcanzar así el nivel de la media europea. Las propuestas pasan por destinar este dinero a cubrir la falta de personal y a crear nuevos centros de investigación, reformando el sistema universitario para que los mejores investigadores tengan que dedicarse menos a la docencia. El modelo finlandés El caso de Finlandia, que en pocos años pasó de vivir de sus materias primas a dominar el mercado de la telefonía móvil, está en la mente de los promotores del Manifiesto de Madrid. Su mensaje se dirige a Gobierno, oposición, empresarios y el resto de los ciudadanos para lograr un pacto social por la ciencia, «para que España sea dueña de su futuro y no un país de servicios».