La «Mir» murió de éxito

FRANCISCO DOMÉNECH A CORUÑA

SOCIEDAD

Rusia cumple sus planes y consigue descender la estación espacial sobre una zona deshabitada en medio del Pacífico Sur El éxito en la destrucción de la «Mir» dejó un en Rusia un regusto agridulce. La tristeza por el adiós a un símbolo del esplendor espacial soviético contrastó con la recuperación del prestigio perdido debido a las constantes averías de la estación. La «Mir» triplicó su esperanza de vida inicial de cinco años, hasta que la fragilidad de la ecomonía rusa aconsejó unir esfuerzos con otros países en la Estación Espacial Internacional. Una nueva era comienza con una operación espacial resuelta con más precisión de lo previsto. Ningún fragmento cayó en tierra firme, ni sobre los barcos que faenaban en el Pacífico Sur.

23 mar 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

«La caída de la Mir es comparable a la llegada del hombre a la Luna», según el representante de la Agencia Europea del Espacio (ESA) en España, Valeriano Claros. Declaraciones como ésta reflejan el respeto de las agencias espaciales de todo el mundo hacia la precisión con que los rusos han ejecutado a un símbolo de su época de superpotencia. Y es que el entierro de la Mir salió incluso mejor de lo que estaba planeado. La estación espacial hizo diana al suroeste de las islas Pitcairn, a 160 grados oeste de longitud y 40 grados sur de latitud, y a 5.800 kilómetros de la costa este de Australia. Los restos se esparcieron en un área de 100 kilómetros de ancho por 1.500 de largo, mucho menor de la zona de riesgo trazada por Moscú. El director de la Agencia espacial Rusa sacó pecho a eso de las 6.57 de ayer (hora española). «Queda demostrado que Rusia es, y seguirá siendo, una potencia espacial», dijo Yuri Koptev. Acababa de terminar el último frenazo al complejo orbital, el que lo precipitó hacia las capas bajas de la atmósfera, en un ardiente y vertiginoso descenso. «La estación ha dejado de existir», informó el Centro de Control de Vuelos, que se vació en pocos minutos. «OK Mir», se leía en la pantalla gigante de un recinto que estuvo repleto de gente e incertidumbre durante toda la noche. Fuegos artificiales La tensión que se vivía también en las islas del Pacífico Sur se transformó en admiración ante la lluvia de restos incandescentes. Los habitantes de Fidji desobedecieron a su Gobierno y salieron a contemplar los rastros luminosos de humo en el cielo desde sus paradisíacas playas. Sin embargo, se perdieron el espectáculo celeste los que estaban más cerca. Los barcos atuneros que faenaban a 200 kilómetros del lugar del impacto no sufrieron ningún daño, pero la espesa niebla les impidió ver llegada de la Mir.