Los hijos del corazón

S.C. A CORUÑA

SOCIEDAD

XOSÉ CASTRO

Casi todas las parejas solicitan un bebé gallego pero muchos acaban con varios hermanos o críos extranjeros Todos los adoptantes quieren bebés. Todos buscan hermosos recién nacidos que les traigan la felicidad. Todos sueñan con tenerlos en brazos, hacerlos suyos y olvidar ese pasado a la espera de un hijo que no llega. Pero las cosas casi nunca son así. Hay demasiadas peticiones y pasan los años. Por eso, las parejas buscan alternativas y al final descubren la adopción de varios hermanos, de niños con alguna deficiencia, de críos extranjeros... y entonces es cuando se dan cuenta de que eso, precisamente eso, era lo que querían.

20 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

En la aceptación de los nuevos padres e hijos «todo es muy normal. Eso es lo que yo destacaría, la absoluta normalidad». Esa es la sorprendente explicación de Suso, que en una semana pasó de ocupadísimo ingeniero a padre de tres hijos de 1, 4 y 5 años. Él y su mujer, igual que le ocurrió a otra pareja, María y Eduardo, querían un bebé: «Pedimos un bebé o, como mucho, dos hermanos de hasta cuatro años». En cambio, llegó la familia numerosa: «Yo no soy muy religioso -reconoce Suso- pero siempre le digo a mi mujer que nos vino Dios a ver». Porque sus hijos «son tres bollitos, tres monadas, maravillosos» y por eso «antes llegaba a casa a las diez y ahora estoy todo el día deseando ir». Derroche de mimos Todos los adoptantes de niños mayorcitos repiten las mismas frases: «Cada día que pasa se hacen más niños» porque «bajan las barreras», están relajados y «son un derroche de mimos». Con tanto amor «te enamoras enseguida -dice María, madre de dos críos, de ocho y nueve años- y a la semana ni te acuerdas que no los pariste». Los pequeños no, tardan en perder el miedo al abandono: «Mi hija de diez años -asegura Pepe, otro padre- no nos deja ir de viaje, y lleva cinco años con nosotros».