La Agencia Espacial rusa preparó urgentemente una nave tripulada a la estación para evitar su salida de órbita Desde las cuatro de la tarde del lunes hasta las dos de la tarde de ayer. Éste fue el tiempo en que la estación orbital «Mir» permaneció fuera de control en el espacio tras perder contacto por radio con el centro de control de vuelos espaciales de Rusia. La nueva avería, cuyo origen aún se desconoce, ha vuelto a poner de relieve el precario sistema de seguridad de la estación, así como el peligro que existe de que pueda salirse de su órbita y precipitarse sobre la Tierra de forma incontrolada. La Agencia Espacial rusa, de hecho, ya tiene previsto enviar una nave tripulada a la «Mir» en el caso de que fallen todos los sistemas.
26 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.La comunicación por radio con la estación, restablecida ayer a las dos de la tarde después de casi un día sin contacto, permitió a los científicos del centro de control de vuelos espaciales de Rusia respirar con alivio, después de que se empezara a barajar la idea de organizar urgentemente una expedición tripulada a la Mir para evitar cualquier riesgo de que quede fuera de control. La pérdida de contacto con la Mir suscitó grandes temores, alimentados por la incertidumbre de si el artefacto seguía su curso en piloto automático o si comenzaba a salir de su órbita. Esta última opción en absoluto es descabellada. Si la estación queda fuera de control, según explicó el físico Jorge Mira, existe la posibilidad de que la fricción con la tenue atmósfera que existe en la zona -en la ionosfera, a más de 300 kilómetros sobre la Tierra- la haga perder altura y entrar en una trayectoria de retorno a la Tierra no deseada. El riesgo de que la Mir vuelva a sufrir otro problema técnico tampoco puede descartarse. El jefe de la Agencia Espacial rusa, Yuri Koptev, no dudó en admitir que «está en tan malas condiciones que cualquiera de sus sistemas puede descomponerse en cualquier momento». Ahora, los ingenieros rusos quieren evitar a toda costa desagradables sorpresas como las ocurridas en el pasado. En 1979, un satélite ruso se estrelló en el norte de Canadá tras perder su órbita y, en 1991, la estación Salyut-7, la predecesora de la Mir, se precipitó sobre la cordillera de los Andes. Desconexión La Mir será desconectada entre el 27 y el 28 de febrero para caer de forma programada en el Pacífico, en una zona que se encuentra a entre 1.500 y 2.000 kilómetros de Australia. Pero ésta es sólo la teoría. El ex-director de la NASA en España, Ruiz de Gopegui, expresó ayer, en declaraciones a la Cadena Ser, sus dudas de que las previsiones rusas vayan a cumplirse, ya que es muy difícil que los cálculos puedan llegar a ser tan certeros. No descarta, entonces, la posibilidad de que caiga en un lugar próximo a una zona poblada. El físico Jorge Mira también indicó que puede existir un error de cálculo de unos kilómetros, dado que la Mir, a diferencia de una nave espacial, es un cuerpo muy grande (pesa 140 toneladas) e irregular, con lo que será difícil precisar la fuerza de rozamiento del aire. Para sembrar aún más dudas, el director de la empresa aeroespacial Jrúnichev, el profesor Anatoli Kisiliov, explicó que «garantizar totalmente que el descenso de la estación se produzca en una zona apartada y segura del océano Pacífico es prácticamente imposible».