Deshabituarse sin tener el hábito

Pablo González
PABLO GONZÁLEZ A CORUÑA

SOCIEDAD

Consumidores esporádicos de drogas se someten a tratamientos médicos para librarse de las multas A Marco Meana, de 26 años, la Guardia Civil le registró hasta el más inverosímil rincón de su coche para al final encontrar en uno de sus bolsillos una pequeña «china» de hachís. Al poco tiempo le llegó una multa de 50.000 pesetas. Recurrió alegando que era un consumidor esporádico, pero no sirvió de nada. Eso sí, le dieron una alternativa al pago de la multa: someterse a un programa de deshabituación. La búsqueda de un lugar donde realizar un tratamiento que en realidad no necesitaba fue otra odisea.

11 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Este periódico pudo comprobar que los centros de drogodependencias, con una gran carga de trabajo, se ven obligados a atender a unos ciudadanos que sólo quieren zafarse de una multa y que en realidad no padecen una dependencia. «Te puede parecer ridículo, pero tendrás que venir aquí, entrevistarte con un asistente social y someterte a un tratamiento», comentan al otro lado del hilo telefónico en un centro de drogodependencias cuando se le pregunta qué tiene que hacer para deshabituarse una persona que no tiene la costumbre de fumar hachís. El mismo profesional añade: «Estamos saturados, porque de ningún modo podemos negarnos a atender a todas estas personas». Listados Otras llamadas efectuadas por este periódico a distintas instituciones del ámbito de la salud dieron resultados muy diferentes. En algunas delegaciones de la Consellería reaccionaban con sorpresa, en otras daban un completo listado de centros en los que se tratan las drogodependencias. En el caso de Marco Meana, terminó consiguiendo una especie de pacto con su médico de cabecera después de vagar por numerosos centros que se negaron a tratarle por considerar que no padecía ninguna patología. Otros jóvenes suponían que se enfrentaban a un vulgar trámite, hasta que vieron que la cosa iba en serio: en los centros médicos les pedían análisis periódicos de orina para ver si habían consumido. Prefirieron pagar la multa. Alfonso Caparrós, médico especializado en toxicomanías del Centro de Drogodependencias de A Coruña, confirma la «acumulación de pacientes» por culpa de una ley «que no está hecha para la realidad». Caparrós, que habla a título personal, confirma que muchas de estas personas llegan buscando un tratamiento «cuando en realidad no padecen una enfermedad que pueda catalogarse como dependencia y nosotros no andamos demasiados sobrados de tiempo». En estos centros sólo comunican la situación del paciente a las autoridades cuando se produce algún cambio importante o deja de acudir al centro para seguir el programa de deshabituación. De todas formas, el médico matiza: «No somos policías, sino médicos». La conclusión de Alfonso Caparrós es clara: «La ley tiene que cambiar».