Rob Lowe: «La época dorada de la televisión se acabó»

El actor da vida a un jefe del departamento de bomberos de Austin en «9-1-1: Lone Star», una de las series que llegará a Disney+ el 23 de febrero

Rob Lowe y Liv Tyler, en  9-1-1 Lone Star
Rob Lowe y Liv Tyler, en "9-1-1 Lone Star"

madrid / colpisa

Hubo un tiempo en que resultaba impensable que actores de la gran pantalla se pasaran a la televisión. A Rob Lowe (Charlotesville, Virginia, 1964) no le quedó más remedio. Miembro del brat pack, aquella pandilla de mocosos encabezada por Molly Ringwald que en los ochenta protagonizó varias películas de temática adolescente como Rebeldes, Class y St. Elmo, punto de encuentro, su carrera casi se va a pique en 1988 tras protagonizar un vídeo sexual junto a dos jóvenes, una de ellas de dieciséis años.

Lowe, que ha mantenido siempre que le tendieron una trampa, pasó de potencial estrella hollywoodiense a actor de segunda. A golpe de telefilmes, miniseries y pequeños papeles en producciones algo más importantes, el actor logró levantar su maltrecha imagen hasta que en 1999 entró a formar parte del reparto de El ala oeste de la Casa Blanca, dando vida a Sam Seaborn. «Es el personaje que más éxito me ha dado, sobre todo ahora que la política está en la mente de todos», reconoce en una mesa redonda virtual que la estrella de 56 años ofrece con motivo del estreno de su nueva serie, 9-1-1: Lone Star.

Creada por Ryan Murphy, la ficción es una serie derivada de la 9-1-1 original y en ella el actor da vida a Owen Strand, el jefe del departamento de bomberos de Austin, un superviviente de los ataques a las Torres Gemelas del 11 de septiembre. La serie ya se puede ver en Fox, pero desembarcará en Disney+ el 23 de febrero, cuando Star, el canal de contenido adulto, pase a engrosar la oferta de la plataforma.

«Orgulloso y feliz» de una carrera «larga y diversa», Lowe está convencido de que «la época dorada la televisión se acabó hace tiempo». A su juicio, esta etapa arrancó con series como Urgencias, Friends y la que él protagonizó. «Después de El ala oeste de la Casa Blanca -ahonda-, hacer televisión empezó a estar bien visto. Grandes estrellas del cine empezaron a trabajar en el medio». Habla Lowe de la presencia de William Petersen en CSI, de la llegada de Kiefer Sutherland a 24, de Perdidos... «Todas esas series pertenecían a las televisiones por cable. Luego ya vinieron Los Soprano, que era de HBO, y un poco más tarde Mad Men y Breaking Bad», recuerda. El argumento que esgrime el actor para certificar la muerte de esa edad dorada tiene que ver con la cantidad exagerada de contenidos que hay en la actualidad. «Se ha diluido esa noción de que en la televisión hay muchas más cosas buenas que en cualquier otro lugar. Ahora hay más variedad, lo que es bueno para encontrar exactamente lo que quieres, pero se han acabado los días en que todo era bueno. Eso sí -dice-, es un momento muy emocionante para la creación de contenidos».

Fan de Ryan Murphy

Es la primera vez que Murphy y Lowe colaboran, pero el actor desvela que el responsable de títulos como American Horror Story escribió Nip/Tuck, la célebre serie de cirujanos plásticos, con él en mente. «Mis agentes nunca me hicieron llegar el guion. Los despedí», dice tajante el actor, que asegura ser un «gran fan» del creador, con quien lleva casi quince años tratando de trabajar.

No es el único piropo que echa al creador de series como Glee, Pose y Feud. «Creo que jamás hubiera hecho una serie procedimental de no ser por Ryan». Son procedimentales aquellas ficciones televisivas tipo CSI o House, que, si bien tienen arco argumental que se desarrolla a lo largo de todos los capítulos, sus episodios son autoconclusivos. A este respecto, asegura Lowe que 9-1-1: Lone Star es un procedimental que tiene «todo ese extraño mundo de Ryan, lo inesperado, las tramas bizarras... Todo ese material que hace que rodar semana a semana sea emocionante».

Ambientada en Austin (Texas), se optó por esa ciudad porque «es muy liberal, progresista y extraña -apunta Lowe-. Y al mismo tiempo está en mitad de Texas, que es un estado muy conservador y patriótico, así que puedes contar todo tipo de historias y desde todo tipo de perspectivas». También pesó, añade, que los paisajes son muy distintos a los del sur de California, «un gran cambio con respecto a la localización de la serie original».

De su personaje, asegura que le encanta que «no es el típico héroe». «Tiene sus cosas -dice-, como el cuidado de la piel o su pasión por la arquitectura, pero sigue teniendo esa imagen de bombero macho y matices que no se suelen dar en una serie procedimental». Otro aspecto que le gusta es el de la relación tan característica que tiene con su hijo, que se parece a la que él mismo mantiene con sus dos hijos. «Como padres creo que somos parecidos, en el sentido de que siempre apoyamos a nuestros hijos. Yo tengo dos hijos, son más o menos de la misma edad, y hablamos mucho de la vida amorosa, de las relaciones y el trabajo. La paternidad nunca se acaba y eso me encanta. Mis hijos siempre han sido y continúan siendo el centro de mi vida», reflexiona antes de hacer hincapié en que su hijo John Owen ha participado en los guiones de la serie.

Con un casting verdaderamente diverso, sello habitual de Ryan Murphy, asegura Lowe que es una de las razones por las que 9-1-1: Lone Star «no es una serie tradicional de rescates» y por las que él quiso participar en la serie. «Todos somos seres humanos y la razón por la que estas personas están en las estaciones de bomberos es porque son realmente buenos en su trabajo, aunque algunos de ellos jamás sospecharías que trabajan allí, pero los presentamos de esa manera y luego pasamos página», señala. En este sentido, el actor asegura que no se trata de una serie que vaya «contra ninguna agenda política o que ataque a nadie». «Somos todos seres humanos y celebrar nuestras diferencias es genial, pero centrarnos en lo que nos une es incluso mejor», sostiene.

Curiosamente, Lowe ya había tenido un contacto estrecho con bomberos antes siquiera de que la serie estuviera en preparación. «La comunidad en la que vivo, en el sur de california, tuvo el mayor incendio en casi 200 años, seguido por las mayores inundaciones desde que se tienen registros. Veintitrés personas murieron y yo viví esa tragedia con las primeras dotaciones de bomberos que vinieron. Se quedaron en casa durante semanas, en el camino de entrada, en mi salón, les alimenté... Y trabajé con ellos así que tuve que poner realmente los pies en el suelo día sí, día no. Vi cómo vivían, cómo trabajaban, cómo pensaban. Así que cuando esta oportunidad vino a mí, ya estaba realmente preparado», afirma. No se libró, sin embargo, de entrenar con los bomberos de Los Angeles: «Fue muy divertido aprender todas las técnicas y entrenar físicamente para hacer lo que hacen porque son el tipo de cosas que te requieren estar en muy buena forma», concluye.

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