Cara a cara con el monstruo

Netflix sacia con «Dirty John» nuestra necesidad morbosa de comprobar hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano


la voz / redacción

A veces lo que nos engancha a una pantalla no es la originalidad del guion, ni la genialidad de la dirección, ni el asombroso trabajo de los actores. A veces lo que nos obliga a engullir un capítulo tras otro es pensar (o en este caso, comprobar desde el clásico «basado en hechos reales») hasta dónde puede llegar la maldad del ser humano.

Nos pasa con los típicos telefilmes de sobremesa dominical, los de sofá y manta. Y también con Dirty John. Es el morbo de enfrentarnos cara a cara con John Meehan, y ser testigos de cómo ese ser físicamente atractivo (por obra y gracia de Eric Bana) y encantador esconde un monstruo capaz de destrozar a las mujeres sin el más mínimo remordimiento. Y lo que es peor, nos gusta intentar entrar en el cerebro de sus víctimas, para intentar comprender el eterno dilema de esa ceguera masoquista del amor que es capaz de poner en peligro su propia vida y la de los suyos. Hasta qué punto somos vulnerables porque necesitamos ser queridos.

Aunque la historia aquí lo aporta todo y el resto casi nada (aunque Bana y Britton están bastante bien, seamos justos), por un momento se atisba la luz en la crítica al papel de las mujeres que aún justifican por amor la violencia machista. Algo que despierta la ira interna en los tiempos que corren.

Y hay más. Porque si la serie deja un regustillo a angustia ya está Netflix para calmarla con el documental en el que poner cara a los verdaderos protagonistas. Y a seguir disfrutando.

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