Juan Granados, corrector de selectividad: «Ante la duda, favorecemos al alumno en la nota»
SELECTIVIDAD
A unas horas de los exámenes, este inspector de Educación recomienda tranquilidad: «El pescado ya está todo vendido y los profesores no vamos a pillar»
07 jun 2022 . Actualizado a las 09:31 h.Juan Granados es inspector de Educación y lleva varias décadas formando parte de los correctores de selectividad del grupo de trabajo de Historia, aunque este año no estará porque su hijo se presenta y es incompatible. Durante este tiempo ha visto cómo se han cambiado los criterios de evaluación y cómo los alumnos han tenido que adaptarse a otros modelos, incluido el actual, debido a la pandemia. A unas horas de la prueba definitiva, Granados recomienda a los jóvenes mucha tranquilidad y que no se olviden de lo fundamental: «El DNI, ir al baño antes del examen, repuesto de bolígrafos (azules o negros) y una botellita de agua». «El pescado ya está vendido —afirma— y no van a hacerlo mejor por repasar cinco minutos antes del examen, lo importante es estar tranquilo y tener seguridad en uno mismo». Y da un último consejo: «¡Por Dios, que no firmen el examen con su nombre!, deben conservan las pegatinas identificativas, que muchos, con los nervios, las pierden».
—Llevas 20 años corrigiendo, ¿es la ABAU ahora más fácil o más difícil que antes?
—Es una pregunta complicada, en términos generales, el nivel es similar, si bien el territorio está más acotado ahora. Se ha llegado a un mayor nivel de concreción en lo que tienen que saber y estudiar, antes era más libre. Todo está más limitado en extensión como en contenidos, antes podía ser más sorpresivo.
—¿Está más medida también la forma de corregir?
—Claro, al utilizar rúbricas,te obliga a calibrarte. Y además de eso, los contenidos son concretos, con opciones diferentes. Antes entraba el currículo completo prácticamente. Por ejemplo, en Historia del Arte podían poner cualquier lámina del currículo, ahora hay una lista.
—¿Estáis más limitados a la hora de corregir?
—Afortunadamente limitados, diría yo. Ahora te obligan a seguir unos criterios uniformes. De esta manera te aseguras una cierta equidad, da un poco casi igual quién corrija porque sigues unas pautas muy concretas. Antes dependía más de la voluntad propia.
—¿En qué fallan más los chavales?
—En el caso de Historia, que es lo que yo corrijo, en las desviaciones en la composición: o te sueltan el rollo del tema y no se ciñen al texto o lo parafrasean, es decir, repiten lo que está escrito.
—¿Qué le estresa más a un corrector?
—La pila de exámenes que tienes delante [se ríe]. En cinco días hay que corregir más o menos cien exámenes de ocho folios cada uno, eso impresiona bastante. Luego, corregir ya no estresa tanto porque está muy automatizado.
—¿Se corrige igual el primer examen que el número 50? ¿Afecta el orden?
—Tú mismo te valoras, y si tienes dudas, vuelves atrás, eso es normal. Pero pasa poco, porque al ser una rúbrica, con preguntas del tipo: ‘Define los mozárabes', pues o lo defines o no lo defines. Todos los correctores lo tomamos muy en serio, y si tienes dudas, vuelves atrás si crees que has corregido más duramente.
—Si un corrector tiene dudas a la hora de corregir, ¿puede hablar con un compañero?
—Si surgen dudas, son dudas técnicas, no de conocimiento, entonces te puedes plantear cómo valoras algo, por ejemplo, que no está del todo bien pero tampoco está del todo mal. Ahí puedes ver qué están haciendo los demás, preguntar y asesorarte: ‘Bueno, a esto le podemos dar medio punto'… No es muy habitual, pero puede darse el caso. Cada persona es soberana de su corrección, aunque a veces consultas para ver que no te estás equivocando.
—¿Vas midiendo si vas muy alto o muy bajo en notas? ¿Te importa?
—Con sinceridad, me importa si voy muy bajo, si voy alto no me importa nada. En junio suelen aprobar un 70% de los alumnos en Historia. Si veo que voy muy bajo, echo un poco para atrás para intentar arañar un 0,25 en algún examen, aunque tampoco puedes mucho más, porque está todo muy estipulado.
—¿Los correctores vais a pillar?
—En absoluto, te puedo asegurar que no. En los grupos de trabajo de cada materia, los coordinadores suelen recomendar que ante la duda, favorezcas al alumno. Esa es la premisa esencial.
—¿Es relativamente sencillo aprobar la ABAU?
—Sí, es sencillo aprobar, lo que es más complicado es sacar una nota extraordinaria.
—¿Te has encontrado exámenes muy brillantes o muchos más desastrosos?
—Sí, sí, yo he puesto muchos dieces. El diez existe, y no solo yo. El cero está prácticamente descartado; salvo que dejen el examen en blanco, un 0,25 se lo pones a cualquiera.
—A unas horas del examen, ¿qué les recomendarías a los chavales?
—Primero, que procuren ir con los deberes hechos: llevar el carné de identidad en la mano, los bolis (azules o negros) con repuesto; el típex, si lo necesitan, aunque yo a los tachones no les hago ni caso; y tal vez una botella de agua. Y muy importante, cuando les den las pegatinas en el acto de presentación, que las conserven como algo propio. Porque es lo fundamental, lo que preserva la identificación de sus exámenes, tienen que ser muy conscientes. Porque con los nervios, muchos se levantan y las dejan encima de la mesa. Y luego, es importante ir bien desayunado, que vayan al baño antes, porque el pescado ya está vendido. Hay que tener serenidad; si la tienes, te vienen las cosas a la cabeza. Y no vas a sacar mejor nota por repasar cinco minutos antes en la entrada. Que vayan serenos y que confíen en sí mismos, eso es lo más importante.
—¿Si se equivocan con una pregunta y quieren seguir con otra?
—Pueden hacer una llamada lo suficientemente notoria: un asterisco, una flecha e indicar que siguen en la página siguiente.
—¿Y si un profesor es muy hueso, y carga más que otro?
—Eso no recuerdo haberlo visto. La mayoría de la gente tiene unos resultados muy similares, eso se ve en la estadística que nos dan cuando nos explican las pautas de corrección. Todos hacemos una especie de campana de Gauss y vemos que las notas se concentran en el mismo punto, la mayoría de las notas van entre el 7 y el 4. Es un mito eso del profesor hueso.
—Tú este año no estarás corrigiendo.
—No, no, tengo muy buena excusa: va un hijo mío a la selectividad, así que estoy exento. Mañana haré solo de padre, ja, ja, ja.