No es justicia, es equidad


El acceso a la universidad no es cuestión de justicia sino de equidad, de que los aspirantes participen en una concurrencia competitiva que garantice el anonimato y la igualdad de oportunidades. Cada año, la selectividad solo interesa a quien concurre y a su familia, que solo la considera justa si el estudiante consigue entrar en la carrera deseada. La familia de un buen alumno que se queda a las puertas de entrar en Medicina piensa que el sistema es injusto, sobre todo si han entrado, con notas muy inferiores, mayores de 25 años, mayores de 45, personas con discapacidad, titulados y deportistas de alto nivel. El año anterior, o el posterior, esa familia habría estado de acuerdo con esos cupos pro integración, pero ese año, justo ese año, no. La justicia a la carta no es justicia.

La selectividad es el platillo de una balanza que, con un 40 % de peso en la nota, equilibra las dispares calificaciones del bachillerato en los distintos centros, que pesan un 60 %. Aprobarla es fácil, aunque el quid está en lograr nota para entrar en una carrera con fuerte demanda. Esta selectividad será excepcional porque las circunstancias son excepcionales. La CIUG ha actuado con anticipación. La comunidad educativa gallega dispuso, antes que ninguna, de modelos de examen con amplia opcionalidad para que el alumnado salga lo menos perjudicado posible de la brusca interrupción de docencia presencial. Así, estudiantes y profesores han tenido más de dos meses para perfilar estrategias de preparación. Si bien los alumnos del año tienen la ventaja de los conocimientos más frescos, ha habido más aprobados en bachillerato y se presentan más alumnos que en años anteriores a subir nota, sobre todo en las materias optativas; en total, unos 3.000 más que el año pasado. Ni se suprime contenido ni se baja el nivel de la corrección, pero la opcionalidad y la competencia pueden hacer que las notas medias suban. No obstante, en caso de igualación por arriba, los alumnos con mejores expedientes de bachillerato siguen teniendo ventaja; una ventaja, sino justa, ajustada.

Unos critican el sistema de acceso argumentando que el alumno se lo juega todo a un examen, cuando son varios y tienen un peso ponderado. Otros proponen una prueba única para toda España, una recentralización educativa, cuando las competencias en educación están transferidas a las autonomías. Unos piden la eliminación de la selectividad sin tener en cuenta la limitada oferta de plazas y sin plantear alternativas: ¿exámenes por facultades, entrevistas personales al estilo americano..? Otros opinan que este año de pandemia la prueba debiera haberse suprimido o aplazado a septiembre, pero el ministerio ha decidido que coincida con el estreno de la nueva normalidad. Todos dicen que su propuesta es la más justa.

En Galicia, la CIUG lleva décadas organizando pruebas y procedimientos de matriculación garantistas, transparentes y únicos para todo el sistema universitario gallego. Grupos de trabajo por asignaturas elaboran materiales a lo largo del curso. Cientos de docentes de enseñanza media y superior participan en las comisiones de vigilancia y evaluación. Los 14.500 alumnos que concurren a la ABAU 2020 lo hacen conociendo, con antelación, unos modelos de examen simplificados en cuanto a estructura y un protocolo detallado sobre las medidas higiénico-sanitarias que han de ponerse en práctica para que la profesionalidad mitigue la excepcionalidad. Ahora toca dedicación y planificación, la justicia ya es cosa de los jueces.

Por Pedro Armas Vicepresidente de la CIUG

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