Una madre consigue que se adapte en parte la selectividad a los disléxicos

La CIUG emprende una serie de mejoras para atender a alumnos con esta dificultad

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redacción / la voz

En Galicia hay 29 alumnos de bachillerato que tienen dislexia (hay ocho en FP, 684 en primaria y 319 en ESO) y muchos de ellos sacarán la selectividad gracias, en parte, a Belén R., la madre de una alumna que ha sabido movilizar a la CIUG, la comisión que organiza la selectividad, para que vaya adaptando la prueba a las peculiaridades de los estudiantes con esta dificultad.

Más tiempo, una tipografía más grande y un aviso al corrector son los tres pasos que se han afianzado para las próximas ediciones de la selectividad. El tiempo de que dispondrán los alumnos será amplio: «Pueden alargar el primer examen y quedarse en clase -explica Pedro Armas, vicepresidente de la CIUG-, pero si empieza el segundo examen ya no pueden salir», para evitar filtraciones. Los retrasos que acumulen se compensarán al final de la mañana y de la tarde.

Aviso al corrector

La tipografía también será más clara para estos estudiantes, pero sobre todo hay una novedad: «En los exámenes se indicará el hecho de que son disléxicos [también se hará con el TDAH], aunque no diremos al corrector cómo tiene que valorar el examen».

Quedan cosas pendientes de lo que piden los padres, como pruebas orales en inglés. Armas recalca: «En la CIUG luchamos por la equidad, facilitar el examen para que todos tengan las mismas oportunidades, pero no podemos cambiar el contenido, que es la base de la ABAU. Y hacer un examen oral sería cambiarlo». Eso sí, no descartan ampliar las sedes para alumnos con necesidades especiales a Vigo y A Coruña «si sigue aumentando el número de inscritos».

«Hacen el mismo examen que el resto, pero con otra presentación y tiempos»

La Grande Obra de Atocha de A Coruña es, según la Asociación Gallega de Dislexia (Agadix), un ejemplo de colegio con buenas prácticas para niños con dislexia y TDAH. ¿Cómo se afronta el aprendizaje de un crío al que le bailan las letras? Paula Expósito, orientadora, reconoce que exige trabajo y coordinación, hasta con los especialistas de los gabinetes adonde acuden estos niños por las tardes, refuerzo frecuente.

A partir de la detección precoz -normalmente, en segundo de primaria ya se confirma el problema-, su condición se tiene en cuenta siempre. En este centro se trabaja de forma colaborativa, en equipo, y cuando se planifica una actividad, no se encarga a un niño con dislexia que sea el que lea en voz alta el texto para el resto del grupo o que escriba el resumen. «No lo van a hacer bien -explica Expósito-, es como decirle a un ciego que coja el chaquetón rojo». En el proceso de aprendizaje hay que primar el contenido oral y visual, en lo que suelen ser buenos, y hasta establecer una estrategia en la corrección: «Cuando van cumpliendo años -dice Vicente Pérez, profesor de Lengua en bachillerato-, hay que pactar el número y el tipo de faltas de ortografía que se van a permitir sin bajar la nota». Y otras cosas: por ejemplo no se corrige en rojo «porque es descorazonador».

Nunca repetir sin más

Manuel Vázquez Barral, tutor de sexto, explica otras adaptaciones: «El niño hace el mismo examen que el resto, pero con otra presentación y tiempo. Le presentamos las preguntas de una en una, en hojas individuales, se la leemos y nos aseguramos de que la ha entendido. Cuando termina la pregunta, levanta la mano y le llevamos la siguiente; se la leemos también». Por supuesto, tiene más de tiempo que los demás.

Según el grado de la dislexia, los niños salen de clase un rato cada día. Lo hacen con la especialista de audición y lenguaje, Almudena Sanchís: «A través de la manipulación van aprendiendo». Por ejemplo, el dibujo de una gota de agua con la palabra agua «tiene que guardarse en la casita de la letra g». Otras veces juegan a practicar ciertos sonidos. «Lo que no hacemos nunca -recalca- es mandarles escribir una palabra muchas veces. No sirve para nada».

Expósito resume: «De lo que se trata es de que aprovechen al máximo sus capacidades, que muchas veces superan a las de sus compañeros, y no avergonzarlos por atascarse en la lectoescritura. Hay que reforzar a estos niños, que se sientan fuertes. Gracias a eso muchos llegan a bachillerato y sacan la selectividad».

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