Septiembre es tiempo de reválida para los estudiantes, pero también para los centros de estudio de la ciudad. Y algunos llegan sin los deberes hechos
02 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Siempre nos quedará septiembre» es la tópica frase, que con fin motivador, resuena en escuelas y universidades tras terminar los duros exámenes de junio. Ahora, septiembre ha llegado, los estudiantes sacan el polvo a los libros para solucionar lo que antes no pudieron, y se refugian en bibliotecas para escapar de los vicios que implica una casa.
«Por culpa de la nevera y el ordenador me voy a la biblioteca, pero últimamente es un poco complicado», comenta Antía, una estudiante de Ingeniería Industrial que desde mediados de agosto frecuenta la Biblioteca Provincial para lograr una concentración que no ve en su casa. El problema que ahora tiene, igual que muchos otros estudiantes, es que o llegas pronto o no encuentras sitio. Y es que si la Provincial abre sus puertas a las 8.30 de la mañana a las 9.30 está llena. Un clásico que muchos estudiantes ya conocen. «Si veo que son las once ya no merece la pena ir, hombre siempre puedes encontrar un sitio, pero es muy probable que te des un paseo inútil», aclara Antía a lo que añade: «Además como cierra al mediodía puede ser que encuentres sitio por la mañana y lo pierdas si te vas a comer con tus abuelos y se te hace un poco tarde. Aunque por lo menos, solo cierra una hora».
Muchos estudiantes entienden con resignación lo que tachan como una «falta de comprensión» hacía su situación, ya que la mayoría de las bibliotecas, con excepción de las universitarias, cierran antes durante los meses de verano, sin importar que tengan una mayor afluencia de gente.
Al parecer, las únicas bibliotecas que no aumentan el número de visitas durante estos meses son las seis bibliotecas pertenecientes al Ayuntamiento de A Coruña. Siendo la juvenil de Durán Loriga la única donde sí se nota este incremento, aunque luego con el inicio del curso se generan nuevos ritmos y todo vuelve a la normalidad.
Se trata de una red de bibliotecas que no está «alimentada» por estudiantes universitarios y, por tanto, no tienen por qué trabajar en función de ciclos de exámenes, ya que entienden, que eso no les corresponde a ellos, sino a las bibliotecas de la universidad. Un razonamiento no apoyado por todos.
La conserje del Centro Universitario Riazor comenta: «Esto no es una biblioteca pública, es una aula de estudio de la universidad, así que si estuviera llena, cosa que en estas fechas sucede diariamente, se pediría el carné universitario y mucha gente, no perteneciente a este centro, se tendría que ir a la calle, pues tienen prioridad los que pagan la matrícula», a lo que añade: «En este caso, lo peor se lo llevan los opositores, los estudiantes de ciclos formativos o, en mayo, los de selectividad».
Por otra parte, otro estudiante asiduo a esta aula de estudio explica el por qué las bibliotecas del Ayuntamiento no están tan llenas en épocas de exámenes: «Yo vengo a estudiar a la biblioteca de Riazor por ser la única que abre hasta tarde, si vas a otra cuando dan las ocho te largan. En ese momento tienes dos opciones; una irte a casa y no estudiar más, y otra, terminar viniendo a esta e intentar encontrar un lugar, algo casi imposible» cuenta Adrián, estudiante de Ingeniería Informática.