Casi 230 chavales de A Mariña y la zona de Ortegal comenzaron ayer el examen de los exámenes
19 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Fuera y dentro el termómetro subía de grados. En el exterior del instituto Vilar Ponte de Viveiro, un sol y un día radiantes. En el centro, casi 230 alumnos con sus neuronas al máximo. La selectividad ofrecía ayer el mismo ambiente de siempre, aunque a pocos metros otros, sin examen a que enfrentarse, daban quizás su primer baño en la playa de Covas. De todas formas, el paseo marítimo sirvió de lugar de relax antes de las pruebas y también inspiró a algunos que daban los últimos repasos a sus apuntes.
La primera jornada del selectivo, a la que acudieron jóvenes de A Mariña y de la zona de Ortegal, amaneció con las materias de lengua gallega y castellana -por cierto, en esta última una de las opciones fue un texto publicado en La Voz de Galicia-, a las que le siguieron, ya por la tarde, para unos filosofía (cayeron, entre otros, Kant, Rousseau, Descartes, Locke...) y para otros historia. El día finalizó con inglés. Hoy aún hay más y el día empieza fuerte, con matemáticas y latín a las diez de la mañana, seguido de física o geografía. Mañana acabará el suplicio... o no, porque aún quedará la espera, hasta el 30, para ver los resultados y a veces quien espera desespera.
De todas formas, en la primera parte de la selectividad en Viveiro parece que predominó la tranquilidad, a excepción de las primeras horas, que son las que más nervioso ponen al estudiante. Luego, ya metidos en la dinámica, ven que el toro no parecía tan bravo. «Van pasando as horas e se ven máis relaxados», transmitía ayer la presidenta del tribunal, para quien la selectividad también representa el paso de una etapa a otra en la vida. Es el cambio de vivir con papá y mamá a estudiar fuera en la universidad y jugarse el futuro con mayor responsabilidad.
A mediodía, la pizza se llevó el título de «plato principal» del selectivo.