CICLOS Y ENSEÑANZA

SELECTIVIDAD

21 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Este curso, en los institutos de bachillerato se cierra un ciclo. Acaban sus estudios los alumnos que empezaron la Enseñanza Secundaria Obligatoria. Seis años han pasado en sus aulas. Llegaron siendo unos niños, con la expectación de lo novedoso en sus mochilas, y se van con la inseguridad que da asomarse a la vida adulta. Me gustaría decir que también se llevan un considerable bagaje de conocimientos para hacer frente a nuevos estudios o a nuevas situaciones, pero de esto uno nunca puede estar seguro, y menos en el caso de unos alumnos que han experimentado con todo el rigor muchas incongruencias de la ESO y no pocas del nuevo bachillerato. Les espera ahora una selectividad en proceso de extinción, pero que viene a añadir incertidumbre a su futuro más inmediato. Del otro, del que les aguarda a la vuelta de sus estudios superiores, no quieren saber nada: todavía tienen la suficiente inconsciencia como para no amargarse con sinsabores prematuros. Uno los ve a punto de irse y no deja de sentir una sensación agridulce, como la que debió de sentir Antonio Machado reflexionando sobre el paso del tiempo y que supo glosar en el «todo pasa y todo queda». Y reconozco que la cita literaria es aquí intencionada. Cuando se trata de alumnos del nuevo bachillerato conviene aprovechar cualquier ocasión para hablar de literatura porque a ellos se la han secuestrado del programa estudios. Antes, con el antiguo BUP, los alumnos de ciencias tenían en el último curso, COU, tres horas de Lengua a la semana. Los de Letras, tenían esas mismas horas de Lengua, más otras cuatro semanales de Literatura, como asignatura opcional. Ahora, tanto los de ciencias como los de Letras, tienen tres horas semanales de ¡Lengua y Literatura!, todo junto, bien revuelto y que cada cual se arregle como pueda. La verdad es que no es fácil para el profesor desbrozar un camino perdido entre la maleza del sinsentido. Haciendo un esfuerzo, pudiera entenderse este programa en el bachillerato de Ciencias, o en el Tecnológico. Pero resulta un absurdo en el Humanístico, y un disparate en el de Arte. Como profesor de un grupo de esta última modalidad he perdido grandes dosis de energía y humor durante estos dos últimos años. Traté de enseñarles Lengua castellana y literatura en primero, y pedí seguir con ellos en segundo. Era buena gente, despiertos y receptivos, ejemplo de la juventud sana que tenemos en casa y en las calles, aunque se note más la minoritaria, por incívica y violenta. Desde el primer momento, como jóvenes interesados por el Arte, pensé que haríamos buenas migas con la Literatura. Y así podría haber sido si nos lo hubiese permitido el dichoso programa. Cuando empezábamos a encariñarnos con Machado, por ejemplo, nos enredábamos con las subordinadas sustantivas, y cuando nos dejábamos seducir por los romances de Lorca, nos daban un susto de muerte dos coordinadas disyuntivas que atentaban contra la cohesión de un texto que había que desmenuzar. Y así no había manera. Desde luego, si los sesudos pedagogos que programaron esta asignatura se propusieron arrinconar la literatura, pueden estar tranquilos: lo han logrado plenamente. Lo triste es que no se ha ganado nada a cambio.