El ordenador escupe cifras: de los 1.975 estudiantes de COU que se presentaron a selectividad, el total de aprobados asciende a 1.530; en la Logse 250 alumnos obtuvieron un apto en las pruebas de acceso, de los 325 que las realizaron. Esto es, los que no tendrán que volver a hacerlas representan un 77,5% y un 76,9%, respectivamente. La media ponderada es del 77,4%. Esto viene a ser un 5% menos que el año pasado. Un 10 en matemáticas, ahora toca literatura. Espera en soledad. ¿Y la gente? ¿Dónde fueron todos? ¿Habrá un error en la fecha o la hora? Llamada al jefe: no hay equivocación alguna, día 28, seis de la tarde. Los estudiantes deberían apelotonarse a la puerta de los institutos, a la espera de que se publiquen las listas de la selectividad. No hay nada de eso. El centro del Monte das Moas está completamente vacío. Aunque lo de colgar las notas en la Red no es nuevo, parece que este año el sistema ha ganado en adeptos. Llegan un par de profesores. Para ellos es natural lo del recinto desierto. «La mayoría ya sabrá los resultados por Internet y los que no, ya vendrán poco a poco», analiza uno. A esperar tocan. Malas noticias. Si el reloj no miente, son las 18.15 horas cuando aparece el primer interesado en las listas. Se trata de Aurora López, una señora que viene a ver cómo le fue a su hija. Malas noticias. El dedo sigue la línea que va del nombre a la nota: un 3,9. Quizá se ha saltado un renglón. Repite el recorrido. No hay error, una décima condena a su niña a volver en septiembre. «Ella tenía esperanzas», lamenta. Anuncia que «volverá a intentarlo». Quiere hacer Dirección y Administración de Empresas. Necesita un aprobado. Más suerte la próxima vez. Alegría. Pasa el tiempo. Dos nuevas visitantes hacen un alto ante los listados. Una de ellas busca su nota entre las de sus compañeros. La otra sólo viene para brindar apoyo moral. Esta vez son buenas noticias. La muchacha anuncia en voz alta: «Un cinco con ocho. Me llega». ¿No hay saltos? ¿No hay gritos? ¿No hay abrazos? Definitivamente esto ya no es lo que era. Rebeca Rivallo hará Derecho, como era su intención. Quizá guarde la euforia para compartirla con otros. La duda. Pasa el tiempo y no llega más gente. Habrá que abandonar las aulas y cambiar de ambiente. Destino: el ciber más cercano. Allí, Verónica Rey aguarda frente al ordenador en compañía de su padre. Consulta unas listas: «Son las de Extremadura -explica-, el sitio donde están las de aquí está saturado». No es de extrañar. Si los que no hacen cola en los institutos se han decidido por acceder a Internet al mismo tiempo, la Red podría estar colapsada de por vida. La chica no está nerviosa. La única duda reside en la nota. Está segura de aprobar. «Me salió muy bien, aunque espero que me rebaje algo el expediente», comenta. A pesar de esta última aseveración, no ve con buenos ojos el cambio de sistema: «El que quieren poner es aún peor», critica. Matemáticas. De vuelta al tajo, con la libreta cargada de notas bajo el brazo, una última impresión. Para cerrar, Ignacio Gómez, uno de los que se suman al 23% de suspensos. Hizo ciencias puras y en selectividad se estrelló de bruces con el iceberg de las matemáticas: «Saqué un cero con cinco», confiesa. Tiene remedio: cualquier hacker de medio pelo podría acceder a la página web donde figuran las calificaciones y retocar su nota. Dicen que la informática es el futuro. Si la Red es capaz de eliminar hasta la tensión de la selectividad, los que así piensan aciertan de lleno.