Educación


Con el curso ya encarrilado, la organización de actividades como las que ayer acogió el colegio Antonio Orza Couto, con jóvenes de Boqueixón, Vedra y Touro, es una bocanada de aire fresco que nos demuestra que la educación es mucho más que lo que está en los libros. Pero lo que llama la atención es que esta idea no forme parte de las obligaciones del sistema, cuyo objetivo es formar de la mejor forma posible a las personas que a distinto ritmo deberán tomar el relevo de los que ahora tenemos la suerte y la responsabilidad de mantener el engranaje de este mundo.

Comprobar como 135 jóvenes no están para perder el tiempo, sino para aprender, es una prueba, otra más, de que todavía hay esperanza y que, el mundo real, ese en el que vive buena parte del el común de los mortales, es bastante distinto al que en muchas ocasiones proyecta nuestros políticos, empresarios y líderes de opinión.

Lo lamentable de esta historia es que mientras 135 jóvenes de la comarca compostelana se acostaron ayer con la certeza de que el colegio también es una escuela de vida, a escasos kilómetros, incluso sin salir de la comarca compostelana, otros jóvenes, en este caso de Brión, no le han encontrado sentido a que trabajar, aprender y hasta cosechar premios no es garantía de que te dejen seguir haciéndolo.

En este caso, lo que trasciende es que el rancio concepto de la educación sigue tan presente como la casposa y grandilocuente seudorealidad en la que quieren que vivamos. Bueno es saber que, más veces de lo que parece, quienes propugnan este modelo de vida no están consiguiendo su objetivo. Eso sí, no hay casualidad, sino ganas de hacer las cosas.

Conoce nuestra newsletter con toda la actualidad de Santiago

Hemos creado para ti una selección de noticias de la ciudad y su área metropolitana para que las recibas en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Educación