El comercio activa la rúa da Algalia de Arriba, en Santiago, mientras la de Abaixo palidece

Margarita Mosteiro Miguel
Marga Mosteiro SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO CIUDAD

El estado de sus inmuebles y el desigual uso comercial en los bajos de sus edificaciones marca las principales diferencias entre las dos calles paralelas

24 ene 2022 . Actualizado a las 22:50 h.

Las dos Algalias son el ejemplo perfecto de lo que supone disponer un comercio activo para mantener la vida a pie de calle. La Algalia de Arriba cuenta con una treintena negocios que ocupan gran parte de los bajos de sus edificios y, aunque también hay once locales comerciales cerrados, la calle disfruta de un movimiento constante de personas durante prácticamente todo el día. Un panorama muy diferente se vive en la paralela Algalia de Abaixo, con menos de una decena de negocios en sus bajos e innumerables pintadas en las ventanas y puertas de las casas en estado ruinoso, y también en las aparentemente ocupadas.

La Algalia de Abaixo languidece. Su animación se concentra en torno a los cuatro locales de hostelería que aún se mantienen abiertos en esa vía. Son el veterano Xa Chegou, el restaurante Casa dos Xacobes, el pub Bloom —ahora cerrado temporalmente— y el café O Preguizoso, que fue el último en llegar a la calle. El resto de los negocios son oficinas de seguros, una pequeña pensión y, ya en la plazuela, la orfebre Susi Gesto y el Malas Pécoras completan el tejido comercial. En la Algalia de Abaixo aún recuerdan la animación que se vivía en la calle cuando en el edificio que ahora acoge el Consello Económico e Social estaban los juzgados. Hasta entonces, la de Arriba miraba con envidia a la de Abaixo. Pero las tornas cambiaron.

Otro aspecto que sorprende en la Algalia de Abaixo es la excesiva circulación de vehículos durante las horas de reparto. Son fundamentalmente furgonetas y camiones de pequeño tamaño, que entran por la plazuela de la Algalia de Abaixo en dirección a Cervantes, obligando a los peatones a refugiarse contra las puertas de las casas. Pasada la hora de reparto, la calle queda casi vacía.