Ala hora de medir el desarrollo económico y la capacidad de consumo de la población una de las variables que los estudios tienen en cuenta es la basura que somos capaces de generar, pero rara vez se mide la madurez que tiene una sociedad para reciclar los restos que genera sin destrozar el medio ambiente. La promoción de un vertedero en la parroquia de Lesta para residuos de contrucción y otros componentes ha sido toda una caja de Pandora que en Ordes nadie quiere abrir. Uno de los argumentos que esgrimen los vecinos para oponerse es que por nada del mundo quieren ser la escombrera de toda cuanta basura generamos en Galicia y que hacemos desaparecer con el fuego, ese atávico elemento que tanto da que hablar sobre nosotros, y no precisamente cuando recitamos el conjuro de la queimada. Los vecinos de Lesta han dejado muy claro que de basura están ya servidos, y que ahora les toca a otros. No les falta razón pero el problema es encontrar a esos otros. En estos tiempos, cuando nos dicen que estamos saliendo de la crisis, que cada día se venden más coches y se firman más hipotecas, llegará un momento en el que de nuevo nos dirán que como tenemos dinero y consumimos, también generamos basura. Cosas de esa bonanza económica que añoramos. Dudo mucho que si el vertedero de Lesta ve la luz pocos se preocupen por la rana cuyo hábitat está en peligro. Será porque olvidamos aquel cuento que nos colaban a las niñas del príncipe encantado que se convirtió en rana. En realidad era un sapo, como ese que nos quieren hacer tragar con tanta basura.