«Hace años que no viene nadie de noche»

Elisa Álvarez González
e. álvarez SANTIAGO / LA VOZ

MELIDE

La botica de María José Vázquez (en la foto Ana, una de las trabajadoras) está en Boimorto.
La botica de María José Vázquez (en la foto Ana, una de las trabajadoras) está en Boimorto. á. ballesteros< / span>

La botica de Boimorto hace guardias desde hace años sin tener demanda

10 ene 2012 . Actualizado a las 10:55 h.

Boimorto, un concello de la comarca de Arzúa a unos 50 kilómetros de Santiago y que apenas supera los dos mil habitantes, cuenta con una única farmacia en el centro del municipio. Es la botica de María José Vázquez Freire, uno de los establecimientos de zonas rurales que más está sufriendo la oleada de cambios y de reales decretos sobre la prescripción farmacéutica. Por el momento es una de las farmacias que hacen guardias nocturnas para reforzar a las tres que hay en Arzúa, pero su titular confía en estar en el listado de municipios que pueden dejar de prestar este servicio, a la vista de la demanda existente.

«Hace años que no viene nadie por la noche», dice María José, que es quien hace las guardias nocturnas, ya que vive en el mismo inmueble y además no podría permitirse tener a una persona contratada cuando nadie entra por la botica.

«Desde hace un año o dos hacemos una semana de guardias nocturnas cada seis. Antes las hacíamos cada tres, y claro, como yo hago la guardia no me cuesta dinero, pero la carga personal es dura», apunta.

En la farmacia hay tres trabajadores «y medio», y la futura reorganización del mapa farmacéutico de la provincia de A Coruña le permitirán «estar un poco más descansada, pero los empleados se mantendrán los mismos». El punto de atención continuada, ubicado en Arzúa, ha provocado que la demanda asistencial durante las guardias sea muy baja, porque los usuarios acuden ya a las boticas del concello arzuano cuando deben acudir al servicio de urgencias de estos centros sanitarios.

En general, la facturación de las boticas ha bajado, y la de establecimientos como el de Vázquez Freire, en donde el 95 % está vinculado a las recetas, aún más. Muchos vecinos del concello aprovechan las días de feria de Melide y Arzúa para ir a las farmacias de estos concellos y recoger su medicación, lo que acaba repercutiendo en el balance anual.

Muchos de los usuarios de estas boticas son personas mayores, en las que el farmacéutico se convierte no solo en la persona que entrega los medicamentos, sino en un apoyo ante cualquier duda. Con el cambio a los fármacos genéricos, casi todos del mismo color y tamaño, los pacientes más mayores no lograban aclararse, por lo que en este establecimiento les pegan los cartones de las medicinas antiguas para que los enfermos no confundan la medicación.

«A esas horas estoy yo siempre y, personalmente,

es muy duro»