Carlos Ferrás: «Intenté conocer al único habitante de un Santiago de Baja California»

Fue el primer doctor Europeo e investiga en todo el mundo sin perder de vista Galicia

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santiago / la voz

Nombre. Carlos Ferrás Sexto (Santiago, 1965).

Profesión. Profesor de Geografía Humana y experto en demografía.

Rincón elegido. Mazarelos y la Praza da Universidade, donde estudió y trabaja desde mediados de los 80.

Carlos Ferrás Sexto es de donde le da la gana. Vivió en Irlanda, México y Estados Unidos y cada año trabaja y viaja una larga temporada con su familia a algún rincón del mundo. Antes o después siempre regresa a su casa de Brión, pero cuando le toca hablar de las raíces se refiere a las rúas Angustia y San Pedro, donde vivió hasta la adolescencia. Pasó por la Escola Normal y el Xelmírez I antes de atravesar el arco de Mazarelos. «Me tiraba la historia, pero se cruzó un profesor por el medio y todo cambió». Fue para bien. Se refiere a Patrick O´Flanagan, que vino a Galicia en el año 90 para abundar en sus estudios comparativos entre Galicia e Irlanda, y ya atrapó para siempre a Carlos, hasta el punto de que este mes de agosto hace las maletas para «regresar a los orígenes» durante un año sabático junto al geógrafo irlandés.

La relación con O´Flanagan le permitió conocer bien la isla «en los años duros» del terrorismo. El aborto y los anticonceptivos estaban prohibidos «y fue cuando la Ford se deslocalizó a Almusafes, con tremendos líos callejeros». Viajaba una o dos veces al año, siempre en coche, tomando ferris, y sus investigaciones a caballo de las universidades de Santiago y de Cork lo convirtieron en el primer doctor Europeo en 1994. Tras años de intensa relación, tiene su propia opinión de un país cuya historia periférica «fue muy similar a la de Galicia hasta mediados del siglo XIX». Aquello «no es un mundo feliz. Tienen sus problemas, aunque si he de quedarme con algo positivo es con su gente joven, que tiene a su disposición un sistema universitario muy pegado al tejido productivo y a las nuevas tecnologías», explica.

A la Nueva Galicia de México

Tras presentar el doctorado le dieron una beca que supuso un cambio radical en su vida. «Me fui de profesor a Guadalajara, México». Allí, sobre lo que había sido Nueva Galicia, tuvo un trato de estrella académica y experimentó la influencia del mito del Apóstol en América. «Solo en México encontramos -su mujer, que es del barrio de San Lourenzo, y él- 358 localidades vinculadas a Santiago. De hecho, existe un Santiago de Compostela en Baja California del sur que solo tenía un habitante, según el Instituto Geográfico de México. Intenté conocerlo y presenté un proyecto para investigar, pero no salió adelante. Ahora sigo esa pista por Google Earth y me da la impresión de que ya es un lugar muy turístico». Aquella curiosidad acabó convirtiéndose en un libro editado por la Xunta en el que cuenta interesantes historias. «A la fiesta del 25 de Julio los indios la llaman tastoanes, que significa extranjeros. Unos se disfrazan de indios y otros de conquistadores, desfilan y beben tequila a lo loco. Cuando el cura domina la comunidad siempre ganan los españoles», apunta.

Al volver de México en 1997 iba a ser padre del primero de sus dos hijos, así que adquirió una casa en Brión, como miles de compostelanos que buscaban metros cuadrados a precio razonable. «En Guadalajara nos llevaba llegar a la universidad tres horas, y aquí veinte minutos», sostiene dando sentido a su teoría de que debemos olvidarnos de las ciudades decimonónicas e industrializadas para ir hacia un modelo «más relacionado con la naturaleza. Es lo que nos hace diferentes en Galicia y por eso tiene sentido romper esas barreras entre el campo y las zonas agrícolas», reflexiona citando el caso de las huertas a dos pasos de la Praza do Obradoiro.

Metidos en charcos académicos, la pregunta por la crisis demográfica es obligada: «Simplemente no salen las cuentas, pero, o bien no interesa el problema o no se enteran de nada».

«Echo en falta un proyecto político ambicioso del área metropolitana»

 

 

Ferrás Sexto echa de menos un planteamiento urbano de Gran Santiago para la capital gallega. No ve ambición política en este sentido, y cree que el discurso de la clase dirigente no va a cambiar «porque es interesado». «Nos dicen que si desaparece la institución, desaparece el servicio, y es mentira, porque los concejales y los alcaldes no ofrecen los servicios. Tienen que dejar de meterle miedo a la opinión pública y hacer de las Administraciones unos entes más eficientes», se queja el geógrafo, partidario de difuminar las barreras intermunicipales y trabajar con nuevas miras. «El hospital es un ejemplo, la universidad, también; yo tengo alumnos de muchísimos municipios, algunos alejados. Santiago tiene que reivindicarse como líder de una gran área de influencia con servicios de mucho impacto. No es un casco pequeñito que nunca llega a 100.000 habitantes», advierte. «¿Qué era la primera línea ferroviaria Cornes-Carril más que un intento de ampliar la influencia de Compostela? La ciudad es la almendra, claro, pero también todos los fragmentos que dispersó por el problema de la vivienda».

Con la perspectiva que da pasar largas temporadas fuera de Compostela, no oculta su decepción al observar las oportunidades perdidas en torno a los transportes alternativos, que sí funcionan en Europa con más frío y lluvia. «Los ingleses permitieron a Irlanda superar el minifundismo, cosa que aquí no hicimos», pone como ejemplo. Sin apuntar, recuerda que en el 2015 escuchó «cosas» durante la campaña electoral para avanzar hacia un área metropolitana, pero no percibe un interés real y los trenes van pasando. «¿Cuál es el proyecto de Santiago a medio plazo? Yo no lo veo por ningún lado». Palabra de geógrafo.

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