¿Por qué no se van?

Laureano López
Laureano López CAMPO DE BATALLA

BOQUEIXÓN

Cuando un político es imputado por cohecho y prevaricación se sitúa ante el dilema más sencillo de su vida. Le queda dimitir o dimitir. Debe dimitir si se sabe culpable y debe dimitir si se sabe inocente, libre de Rolex y mariscadas. Debe, entonces, dimitir, y esperar una sentencia. Y volver, si es que quiere volver, libre de cargos. Porque una imputación no es una decisión caprichosa. Pero aquí el político imputado raras veces dimite (en todo caso, se vio ayer con Boqueixón, lo dimiten, y encima ¡solo a medias!...). El político imputado se aferra al cargo y se olvida de que la política es servicio público, una estación de paso; traiciona así a sus vecinos y deja en evidencia a una clase política con el prestigio ya por los suelos. Desprestigia a Galicia. Hay quien casi está convirtiendo en un héroe a Conde Roa...