Burrada en el centro de Santiago

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO

BOQUEIXÓN

ÁLVARO BALLESTEROS

Ver pasar a un burro volando mosquea a cualquiera, pero encontrárselo a las siete de la mañana atado a un árbol de la céntrica Alameda compostelana tampoco deja de tener su punto atípico. Los primeros en toparse con él fueron los obreros que trabajan en la rehabilitación del parque romántico y pulmón de la capital, que en las últimas semanas tiene un acceso limitado a los paseantes. Quizá por ello nadie dio cuenta del hallazgo a la policía hasta primera hora de la tarde, momento en el que una pareja de agentes municipales empezó a dar vueltas en torno al asno hasta declararlo, definitivamente, abandonado a su suerte. Mientras el animal se cobijaba bajo el eucalipto más alto y romántico de la ciudad -su dueño se separó de él junto al árbol en el que centenares de parejas se juraron amor eterno-, las autoridades municipales buscaban una solución a la burrada de un anónimo que antes o después tendrá que aparecer: no es fácil conquistar el epicentro de la aldea más bella del mundo sin que algún urbanita haya reparado en la escena. El asunto da para especular un rato. La teoría más sólida, que no por ello más fundada, es que el burro, de raza zamorano-leonesa y con unos cinco años, haya llegado junto a algún peregrino sin recursos para devolverlo a sus pagos. Un grillete Made in France , su aspecto y algunas marcas de arrastrar pesos refuerzan la teoría de Xacobo Pérez Paz, presidente de la Asociación dos Burros Fariñeiros y edil del PP en Santiago, que se hizo cargo del animal. Tan pronto lo vio contemplando la catedral bajo el árbol de los enamorados le puso nombre, Romeo, que ya no volverá a estar sólo porque en una finca de Boqueixón le esperaba una burra llamada Julieta.