«Hasta siempre, vainillas»

Patricia Calveiro Iglesias
Patricia Calveiro SANTIAGO / LA VOZ

AMES

Renata Lema, Patricia y Sandra Liñares cierran un capítulo en Vainilla y Chocolate para desarrollar sus otros proyectos empresariales. Hasta final de mes ofrecerán en la tienda de Bertamiráns descuentos especiales (en moda de calle, con el 30 % de rebaja o más) y «precios especialísimos» en moda de fiesta y novia de primeras marcas».
Renata Lema, Patricia y Sandra Liñares cierran un capítulo en Vainilla y Chocolate para desarrollar sus otros proyectos empresariales. Hasta final de mes ofrecerán en la tienda de Bertamiráns descuentos especiales (en moda de calle, con el 30 % de rebaja o más) y «precios especialísimos» en moda de fiesta y novia de primeras marcas».

La tienda Vainilla y Chocolate de Ames, referente en moda y fiesta, despide este 2025 cerrando sus puertas tras quince años de trayectoria

26 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Tras 15 años, Vainilla y Chocolate cierra sus puertas. Ha sido un viaje lleno de ilusión, de momentos inolvidables y de personas maravillosas que ya forman parte de nuestra historia. Otros proyectos nos reclaman y, con el corazón apretado, este diciembre cerramos una etapa preciosa de nuestras vidas. Gracias por tanto. Por vuestra confianza, vuestro cariño y por hacernos sentir parte de vosotras. Hasta siempre vainillas». Con este mensaje se despedían las tres socias que convirtieron una tienda de Bertamiráns (Ames) en todo un referente en moda y fiesta, las hermanas Patricia y Sandra Liñares y su cuñada Renata Lema.

Emprendieron esta aventura empresarial en otro local más pequeño, en la avenida da Maía. «Yo estaba trabajando en otro sitio y las tres teníamos en común la pasión por la moda. Les propuse coger este negocio, que ya estaba funcionando. Queríamos primero sacar la mercancía que había en la tienda y empezar a llenarla con otra que encajara más con nuestros gustos», cuenta Patri, amiense de 43 años, y la más joven de las tres. «Tuvimos muchísima suerte. Abrimos en el 2010 en medio de la crisis, con una incertidumbre total, y fue un éxito absoluto. Nos adaptamos a la situación perfectamente y en el 2012 cambiamos de ubicación para la actual [en la Travesía da Peregrina], porque ya se nos quedaba pequeño el espacio», añade su hermana, de 52 años. Una idea de Renata, outiense de 48, hizo que su fama se disparase en las redes sociales. 

Ella propuso hacer fotos a las hermanas con la ropa que vendían y tuvieron una respuesta inesperadamente buena, con Patri como protagonista principal frente a la cámara, junto con sus atuendos de invitada, de calle, con sus complementos... El estudio de arquitectura de sus hermanos, Salgado e Liñares, se encargó de dar forma a este nuevo capítulo, donde vivieron los mejores años de Vainilla y Chocolate. «Empezamos a dar más caña a la fiesta y comenzamos a especializarnos en la moda de invitada y novia —cuentan—. Llegamos a tener una tienda de novia aquí al lado, Vainilla Brides, y otra en A Coruña. De repente nos vimos saliendo algún día a las diez de la noche. Los sábados trabajábamos cuatro personas y la gente esperaba dos horas para probarse un vestido. Las mandábamos al bar de al lado, para hacer tiempo. Venían hasta de Portugal y nos reconocían en el avión cuando viajábamos a Madrid, donde hacemos nuestras escapadas para ir a los showroom y comprar nuevas colecciones durante dos días. Nos alojamos siempre en casa de nuestra amiga Sole, que nos dejaba piso y compartíamos cenas, comidas y muchas charlas hablando de lo mucho que le iba a gustar a Fulanita o Menganita lo que acabábamos de descubrir y cogimos pensando ya en ellas...».

Esas escapadas son uno de los momentos favoritos que guardan de estos años, además de las confidencias, los cafés por las mañanas juntas o las sesiones de fotos en las que aprovechaban cada rayo de sol para lucir sus looks de primavera-verano, aunque estuvieran en realidad a 5 grados. Está siendo una despedida dulce, dicen, en la que están recibiendo por parte de sus clientas un inmenso cariño, un sentimiento que es recíproco: «Muchas de ellas han crecido con nosotras». Las emociones se disparan en estos últimos días con sus «vainillas» y atesoran los últimos recuerdos con esas mujeres que han ahorrado para llevarse su último vestido de allí o cuando intercambian teléfonos con esas otras a las que asesoraron para que lucieran su mejor versión tanto el día de su boda como para la comunión de sus hijos. Ellas también son parte de la historia de Vainilla y Chocolate.

Las vidas de las emprendedoras que sacaron adelante este comercio local han cambiado mucho desde entonces. Todas ellas estaban emparejadas con sus maridos cuando empezaron, pero la familia fue creciendo y conciliaron la maternidad con la vida como autónomas (Renata tiene hoy tres hijos, Sandra dos y Patri uno). «Todos nuestros hijos nacieron en la era Vainilla. Cuando entré en la tienda coincidió con la época en la que dejé mi anterior trabajo, tuve a la niña y me embarqué con Patri a trabajar mano a mano», recuerda su hermana. Entonces, añade, «la gente se gastaba 1.000 euros en el traje, tacones, bolso y fajín. Se llevaba el conjunto completo y no escatimaba en gastos. A raíz del covid cambió mucho el mercado y el tipo de venta. Con la pandemia se perpetuaron las compras en tiendas online a todos los niveles y cambiaron las tendencias y las prioridades. Ahora la gente se gasta más dinero en salir a comer, en viajar, en beber, en ir al spa... y para un evento busca algo que pueda reutilizar en otras ocasiones y gasta menos dinero».

Aclaran que sus otros proyectos laborales cada vez les ocupaban más tiempo y a partir de ahora se volcarán al 100 % en ellos: Renata tiene las famosas Cabañitas del Bosque de Outes. Sandra retomó el trabajo anterior con la empresa de arquitectura modular Addomo. Y Patri inició también nuevas andaduras. «Creemos que es el momento de cerrar y de darle un final merecido a Vainilla, en vez de seguir tirando del carro sin estar plenamente involucradas. Dejamos aquí clientas que confiaron en nosotras para vestirlas en los momentos más especiales de sus vidas, algunas se convirtieron luego en amigas, y una marca que sigue siendo referencia. No queríamos irnos dando mala imagen y, aunque lo anunciamos en el último mes, es algo meditado», subrayan.

Con todo, «estos días en la tienda están siendo difíciles», dice la mayor de las Liñares, quien tiene la sensación de «estar cerrando una etapa súper bonita». «Vainilla me acompañó en una época preciosa de mi vida, aunque también fue el lugar donde lloramos la pérdida de nuestra abuela, que para Patri y para mí era como nuestra segunda madre. Estaba aquí cuando me dijeron que se había roto la cadera con 99 años y a los dos meses falleció. Vainilla simboliza para mí la madurez como madre, como mujer y amiga», añade. 

Renata, por su parte, siente también esa mezcla de felicidad por todo lo conseguido y un punto de nostalgia, incluso de «pena y vacío», dice. Ella, que se encargaba de la gestión de las redes sociales y tenía que conocer el stock al dedillo, confiesa que va a echar en falta lo que ya se había convertido en una rutina en su vida y «en cada despedida siento ese nudo en el estómago y me entran las ganas de llorar». Dice que Vainilla y Chocolate les enseño mucho a nivel empresarial a las tres y le deben gran parte de lo que son hoy a nivel laboral: «Aquí aprendimos un montón. Yo tengo otra empresa que es mucho más grande, con 50 empleados, pero este proyecto me ayudó muchísimo a dirigir el otro, que es más exigente y no tengo la suerte de codirigir como aquí. El aprendizaje que me llevo de este no lo olvidaré en la vida».

«Nos sentimos muy, muy, agradecidas con toda la gente que nos ha apoyado a lo largo de estos años, que ha invertido en el comercio local y ha confiado en nosotras», subrayan, al tiempo que hacen un llamamiento para que seguir apostando por el pequeño comercio y el trato cercano que da a todos los niveles. «El fundamental invertir en las familias del pueblo, en la calidad y en el cariño», concluyen.