El plan CES para control y cuidado felino crece con éxito en la comarca

Emma Araújo SANTIAGO / LA VOZ

AMES

PACO RODRÍGUEZ

La colaboración vecinal posibilita el funcionamiento de varias colonias en Teo, Ames y Padrón

09 ago 2021 . Actualizado a las 23:56 h.

En el ámbito animalista, el acrónimo CES agrupa los conceptos de captura, esterilización y suelta en una colonia, pero también podría corresponder a las palabras concienciación, empatía y salubridad, porque estas tres cosas, y muchísimas más, se consiguen con este método de control de la población felina, que surge para hacer frente al abandono animal y a la cría descontrolada de gatos, que pocas veces son ferales (salvajes).

Santiago cuenta con varias colonias en zonas urbanas, gestionadas por asociaciones que aplican el programa CES, un modelo que se está extendiendo con éxito en los concellos más cercanos, como Teo y Ames.

Crear una colonia CES no es muy complejo, pero requiere implicación desinteresada y constante para vigilar a los animales. También fondos públicos para asumir el coste de las esterilizaciones, alimentación y cuidado de estos gatos, para los que la mejor opción, salvo en contadas excepciones, es la búsqueda de un hogar humano, al que también puede llegar otra versión de las siglas CER: compañía, endorfinas y ronroneos.

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La implicación directa de amantes de los animales está en el origen de todos las soluciones. Y si una destaca sobremanera es la que se desarrolla en la zona teense de Os Verxeles, cerca de Cacheiras. En este caso la colonia felina no tiene un espacio definido, sino que toda la zona es su hogar, ya que estos gatos reciben alimento y cuidados constantes desde hace años, hasta el punto de que en varias viviendas unifamiliares tienen su comedero un rincón para el descanso, tratamientos veterinarios y alguna esterilización. Y ellos devuelven la moneda manteniendo a raya a otras especies. Con este idóneo punto de partida, sumado a la implicación del Concello y del colectivo Abeiro, arrancó el protocolo CES, con revisiones y desparasitaciones de todos los gatos, que quedan registrados ante Protección Civil con una chapa en la oreja, lo que facilita su identificación por si alguien cree que están perdidos.

El mismo modelo de Os Verxeles, con unos diez animales esterilizados y atendidos, también se está aplicando en la parte teense de O Faramello y en Chaves, aunque en este caso son colonias mucho más pequeñas. Los vecinos no quieren que los animales desaparezcan pero sí apuestan por controlar su número de forma ética. Con las colonias en pleno proceso de revisiones y esterilizaciones, Abeiro también busca familias para adoptar a cachorros y gatos adultos que no están preparados para vivir al aire libre, «aunque hay algunos ferales que solamente se dejan tocar por la persona que los alimenta y no se habituarían jamás a una vivienda, pero la mayoría son gatos sociales», explica una de las voluntarias teenses.

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En el caso de Ames, el Concello también tiene colaboraciones desinteresadas, que se coordinan con el Refuxio de Cambados, con el que Ames tiene un convenio para la recogida de animales abandonados y las esterilizaciones. En estos momentos están funcionando tres colonias, todas en Bertamiráns, repartidas por el entorno de la Casa de Cultura, la escuela infantil Galiña Azul y en la rúa Rosaleda, con unos 70 datos controlar.

El objetivo es conseguir el mayor número de esterilizaciones, pero para lograrlo se necesita mucho tiempo e infinita paciencia para que las personas que alimentan a los gatos y a las camadas se ganen su confianza para capturarlos sin asustarlos. Cuando esto ocurre, detalla Manuel Lens, edil de Medio Ambiente, se intenta que los gatos regresen en cuanto sea posible a su entorno, ya desparasitados y con un control veterinario para tener colonias «estables». Esto resultaría imposible sin la colaboración de personas como Begoña Méndez, que junto a un grupo de vecinos de Bertamiráns alimenta a la colonia cercana a la Casa da Cultura, que surgió, explica, «de xeito espontáneo» cuando comenzó a dejarles comida, algo que descubrió que hacían más personas. Ahora todos se coordinan para repartir la responsabilidad y garantizarles agua limpia, un espacio aseado y la alimentación que necesitan. Además, les echan una ojeada para comprobar si tienen buen aspecto o heridas. «Hainos moi achegadiños e tamén aos que lles custa moito coller confianza», explica, además de lamentar que en casi todos los casos son gatos abandonados. También reconoce que esta colonia es aún muy «rudimentaria», algo que el grupo y el Ayuntamiento quiere revertir. Y no solo eso, ya que también plantean señalizar las zonas con colonias para evitar atropellos.