La triste realidad del mercadillo de Santiago: «Internet nos perjudica muchísimo»
SANTIAGO
La merma del público adepto a la venta ambulante y las vacaciones estivales provocan una caída considerable de ingresos de los comerciantes de Salgueiriños
15 ago 2026 . Actualizado a las 20:56 h.La frase «ya nada es como antes» resulta una queja habitual en casi todos los sectores de la sociedad. Sin embargo, pocos lo sufren tanto como los mercadillos de venta ambulante, que, además de ir de un lado a otro continuamente, deben echar cuentas para así conocer la rentabilidad de sus negocios. Y lo hacen con un pesimismo cada vez mayor.
Entre las principales causas de la pérdida de ingresos se encuentran la proliferación de las compras por internet y la progresiva pérdida de esta tradicional costumbre. Arturo Jiménez, comerciante que este jueves se situaba a la entrada del mercadillo de Salgueiriños, asegura que el negocio «ya no es rentable». No lo es debido a dos factores que «les afectan muchísimo»: la recuperación de lo retro como tendencia y el gran uso de internet para suplir parte de las tareas cotidianas. Sin embargo, Mauricio Camacho, vendedor de ropa deportiva, apunta otro tipo de causas. Para él, el mal clima, la marcha de los santiagueses en verano y el cambio de zona de los puestos son los tres principales motivos de esta «triste realidad». Además, apunta a que el mercadillo todavía funciona «en zonas como Padrón o Ribeira», pero asume que no como hace años.
Aunque el descontento en los puestos de Salgueiriños es casi total, todavía hay negocios que mantienen su rentabilidad, incluso en verano. Es el caso de los puestos de comida, pues en los momentos previos a abandonar el recinto, muchos de los compradores deciden llevarse algo a la boca. En la Churrería Amo aseguran que tienen «prácticamente la misma gente» respecto a otras épocas del año, y destacan las dos últimas horas, entre las doce y las dos, como las de «más aglomeración y ventas».
Un pasatiempos distinto
El mercadillo dejó de ser un lugar al que ir en busca de algún producto específico. Ahora, quienes acuden a él, lo hacen mayoritariamente para pasar una jornada de disfrute y pasatiempo, en la que, además, observan puestos muy diversos y con productos para cualquier tipo de público. Y para muchos asistentes supone una experiencia totalmente novedosa. Belén Mato, vallisoletana con familia en Santiago, se muestra sorprendida con el mercadillo de Salgueiriños, pues lo ve como una gran oportunidad para descubrir «un ambiente totalmente distinto» al que ella conoce de Valladolid. Lo mismo le ocurre al andorrano Pedro Antonio Cabrera, quien aprovecha su período vacacional en Compostela para conocer un mercadillo que en Andorra «no existe», por lo que le resulta «totalmente nuevo».
Para otras personas, este tipo de espacios son un lugar de evasión y para compartir tiempo con los suyos. Nieves Pereira, vecina de la parroquia de Sar, no comparte la pérdida de los mercados como tradición, y asegura que va a Salgueiriños «casi todas las semanas». Para ella, estos eventos son una oportunidad, no solo de pasar tiempo con su familia, sino también de rendir homenaje a su marido fallecido. Más allá de lo que se compre o no, los mercadillos son un lugar de reunión. Una costumbre que, a medida que avanza el tiempo, parece quedarse por el camino..