La resolución de la cuestión de confianza a la que tuvo que vincular el presupuesto de este año el bipartito BNG-CA tiene una lectura preelectoral, inevitable al ser las últimas cuentas municipales para un ejercicio completo en el actual mandato y faltar menos de catorce meses para que se abran de nuevo las urnas de los comicios locales. Especialmente significativa ha sido la posición de los cuatro ediles no adscritos, que le han regalado un balón de oxígeno a Goretti Sanmartín al facilitar la aprobación del presupuesto bajo el pragmático argumento de que no tenía sentido demorar un mes más su entrada en vigor —por el perjuicio que este retraso supondría para la ciudad— dada la total inviabilidad de una moción de censura en la que solo Borja Verea sería la alternativa para el cambio de inquilino en la alcaldía, opción imposible por inaceptable para el resto de los grupos con representación en Raxoi. Al PP, ni agua. Los no adscritos, a los que hay que conceptuar como grupo aunque formalmente no lo sea, han hecho una declaración de principios de cara a su hoy más que probable proyecto de formación de una candidatura para las próximas elecciones, encabezada por Mercedes Rosón y con su actual portavoz, Gonzalo Muíños, posible número dos: su única adscripción es la de los intereses colectivos de la ciudad. Esto, dicho así, se lo pueden arrogar todas y cada una de las opciones políticas concurrentes, pero ellos están en disposición de actuar sin las ataduras propias de las estrategias y cálculos partidarios, hasta el punto de evitar una sobrecarga aún mayor del desgaste que a estas alturas acumula el BNG, pese a su total desacuerdo con unos presupuestos difícilmente creíbles hasta para los más entregados a la causa. Sería interesante saber si su actuación sería igual si en vez de Sanmartín fuese Verea quien se sometiese a una cuestión de confianza similar. Si la confrontación entre partidarios y refractarios a la entrada en un gobierno comandado por el Bloque tras los últimos comicios fue causa de la implosión del grupo socialista compostelano, esta cuestión de confianza pone negro sobre blanco las tendencias hacia las alianzas poselectorales. Más dudas recaen sobre el impacto que pueda tener la posible dispersión del voto en las izquierdas. Ahí una de las claves.