Tilde Rodríguez: «Rompí techos de cristal y me ilusioné al lograr desde el Concello de Santiago hitos para la mujer»
SANTIAGO
La primera foniatra de la sanidad pública gallega, que fue, de forma accidental, primera alcaldesa de Compostela, es una de las ocho mujeres homenajeadas por Raxoi en este 8M. Ella fue quien impulsó la Concellería da Muller y la primera mujer que pasó revista a las tropas en el Obradoiro. En un 25 de julio, siendo ella secretaria del oferente, logró que en la comida con la que el arzobispo invitaba ese día a las autoridades entrasen también mujeres
09 mar 2026 . Actualizado a las 08:21 h.Este lunes, en el Teatro Principal, el Concello reconocerá, por el 8M, la trayectoria de ocho mujeres. Una es Clotilde Rodríguez Martul —«Soy Tilde»—, la primera foniatra de la sanidad pública gallega y referente político en Santiago. «Recibí la llamada de la alcaldesa con satisfacción y también sorpresa, al haber pasado tiempo desde que dejé el Concello. Estuve allí 9 años. Ahora lo recuerdo y pienso, ¿de verdad hice tantas cosas?», evoca sonriendo a sus 82 años. «Creo que rompí techos de cristal, pero esa etapa fue sobre todo ilusionante por todos los hitos logrados para la mujer», repasa.
Nacida en Argentina, llegó con 18 años a una aldea de Chantada de donde eran originarios sus padres. «Imagina el cambio... En Buenos Aires vivíamos a cuatro cuadras del Congreso», contrapone. «Al poco ya vine a Santiago a estudiar Medicina. Buscaba una especialidad que me permitiese estar en contacto con la gente y elegí Pediatría. En sexto curso conocí al profesor Augusto Villanueva, quien luego sería mi marido», señala con un brillo en los ojos. «Ya trabajando en el hospital, empecé a ver a muchos niños con trastornos del lenguaje. Pensé en una unidad, inédita aquí, que trabajase con ello. Me formé fuera en fonoaudiología y logopedia. Coincidí con especialistas en voz, y me decidí por ello», remarca, pionera. «A la vuelta a Galicia, con apoyos, como el del profesor Torcuato Labella, monté en el antiguo Hospital Xeral el primer servicio de foniatría de Galicia. Lo veía tan necesario que hasta hablé con el conselleiro», relata. «Traté patologías vinculadas a la voz. Por la consulta pasaron telefonistas, muchos profesores o cantantes. Recuerdo a uno que vino a las fiestas y se quedó sin voz u otro al que le dije que si le sacaba su lesión, perdía su tono ronco, y ya no quiso...», cita riendo. «De lo más emocionante fue ver cómo un niño de dos años, que no oía, escuchó en la consulta por primera vez a su madre, gracias a un implante coclear. Acabamos todos llorando...», añade. «Me jubilé en el 2005, con 65 años, y en parte me arrepiento... Lo disfruté», asiente.
Discreta —«No me gusta exponerme»—, revive a continuación su salto a la política. «Mi marido y yo éramos amigos de Xerardo Estévez. Me maravillaba el proyecto, tan bonito, que él tenía para la ciudad. Me comentó la opción de ser concejala y, pese a mi asombro, accedí, siempre que pudiese seguir como foniatra. Yo iba de un lado para otro...», recuerda sobre una etapa en Raxoi, de 1987 a 1996, en la que asumió carteras como Educación, Protocolo o Muller, concejalía que impulsó. «Sin sitio físico para montarla, buscamos un piso en Acibechería. Hoy parece increíble, pero rescatamos muebles que no se usaban en Raxoi y los llevamos para allí. Con solo un ordenador, hicimos un registro de todas las asociaciones de mujeres. Íbamos a todas partes hablando de sus derechos... Era estimulante; nos ayudó el boca a boca. Montamos también la Casa da Acollida para mujeres que sufrían abusos. Eso me llenó de orgullo», expone quien tiene también en su haber la creación del premio Xohana Torres, que visibiliza el papel de las mujeres, y la celebración del 8M en Santiago. «Recuerdo el entusiasmo de los primeros años, cuando trajimos a mujeres como la periodista Carmen Sarmiento y el Pazo de Bendaña se llenó. Otra vez ideé una charla sobre la mujer solo con hombres, como un periodista o un sacerdote. Me cayeron palos, pero fue estimulante. ¡Se debatió hasta medianoche!», realza.
Supliendo en verano a Xerardo Estévez, se convirtió, de forma accidental, en la primera alcaldesa de Santiago. «Era curioso cuando un policía se me cuadraba... Siendo yo en un 25 de julio secretaria del oferente, fui la primera mujer que pasó revista a las tropas en el Obradoiro. Ese día, el arzobispo invitaba a comer a las autoridades, pero sin mujeres. Ahí Xerardo, que siempre me mostró su apoyo, tampoco dudó. Me presenté, y, desde entonces, ellas ya acuden», afirma, y rescata más avances. «Fui la primera mujer en oficiar una boda en Raxoi, y sorprendió», subraya.
«Tuve una vida buena, pero el azar al final me abandonó», lamenta con emoción ante la muerte de su marido y un hijo. «Perdí mi risa espontánea, pero sigo tirando para adelante. Busco estímulos; y uno es saber que lo que logramos para la mujer no se olvida», agradece.