«Levamos o asfalto da N-550 para a casa nos pés»

Olimpio Pelayo Arca Camba
o. p. arca SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Paco Rodríguez

Vecinos de la carretera señalan que las reparaciones de urgencia a plena lluvia no acaban con los baches del vial, porque el agua y el paso incesantes de camiones levanta el material en pocas horas

09 feb 2026 . Actualizado a las 19:02 h.

La frase que resume la situación de la N-550 la pronuncia Juan García Eirín a la puerta de su garaje en la avenida Alfonso Senra de Ordes, a los pies del mural de la greleira: «Levamos o asfalto para a casa nos pés». Se llevan pegado a sus suelas ese compuesto en frío con el que operarios de carreteras se afanan en bachear los incontables agujeros que hacen de la nacional una carretera gruyere, en jornadas de lluvia incesante con recorridos castigados cada jornada por cientos de camiones y vehículos: «Iso é un desastre. Veñen tapar pola mañá e á noite xa está a gravilla e a area toda fóra: leva o coche o chapapote ao entrar no garaxe, pisas por riba e pos a casa perdida. Xa deixamos outro calzado alí, pero estamos barrendo todos os días». Esta misma semana se bacheó la zona, «e seguro que o luns volven tapar outra vez». Pero no sirve de nada: lo sabe él y lo saben quien ejecuta órdenes: «Un día berreilles desde arriba, porque chovendo e co burato cheo de auga estaban botando o chapapote; díxenlles se non sería mellor arreglar todo que andar sempre así, pero contestáronme que eles veñen facer o que lles manda».

Protestan los vecinos, y protestan los alcaldes. Lo hicieron en las últimas semanas el regidor de Ordes, José Luis Martínez Sanjurjo, y el de Oroso, Álex Doval. Con idéntica respuesta oficial: la reparación integral llegará en cuanto haya disponibilidad presupuestaria. Mientras, el deterioro no cesa, catalizado por unas lluvias inclementes y por un tráfico de más de 6.600 vehículos diarios en el 2024.

Si Ordes está mal, la auténtica zona cero está en Oroso, en sentido A Coruña sobre todo: en las curvas que se inician en el cerrado bar Stop se suceden hasta cuatro tramos de baches insalvables. En el primero, muchos vehículos circulan por el arcén plagado de gravilla tratando de esquivarlos, y otros invaden el carril contrario saltando la raya continua. Desde hace una semana, una señal provisional, cerca del tapacubos que perdió un Ford, avisa de peligro indefinido: una contradicción, porque está claro cuál es: «Vai haber unha desgraza, e logo aplaudimos», suelta un vecino de la zona que prefiere no dar su nombre ni hablar más: «Que vou dicir, se xa se ve todo claro só con mirar á carretera?».

Sí habla José Antonio Juncal, con su casa encima de la N-550 en Oroso: «Está así hai polo menos 5 anos, vese que necesita unha mellora total, non son normais estas fochancas. Estiveron bacheando, pero non é nin medio normal facelo en tempo de auga. O prudencial sería levantar o asfalto e facelo de novo». Los vecinos padecen cada día el peligro de una salida de vía y el retemblar de sus casas con el paso de cada camión, con un ruido sobre todo en días laborables que no para.

La travesía de Oroso, el casco urbano de Ordes, la bajada tras el cruce a la vieja estación A Sionlla, la avenida Cruceiro da Coruña... Toda la nacional que une Santiago con Ordes es un poema, a excepción del tramo de la travesía de Sigüeiro, una obra que aplaude Doval, que pide que se aplique a todo el trazado. Antes de llorar desgracias.