Incipit

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

26 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El objetivo de la universidad fue, es y será formar élites. La de Santiago y la de Ankara, pasando por las tres de Sudán (herencia inglesa). La avalancha de estudiantes en países latinos constituye una excepción mundial, avalancha que jamás debió de haberse producido porque ni muchos se merecen estar ahí, ni se merecen trabajar luego en empleos inferiores a su supuesta formación, ni se merecen los profesores que de verdad quieran enseñar, el tener docenas de alumnos en las aulas, imposible el hacer un seguimiento.

Así que tras la criba en la universidad, a su vez después de ese engañabobos que es la PAU, las élites tienen que buscarse la vida. Y sin ellas no hay dirección del país. La organización de esas élites se lleva a cabo luego en organismos poco conocidos, con el inconveniente de que entrar en alguno no resulta precisamente fácil.

Uno de esos organismos es el Incipit que, entre otras cosas, organiza interesantes coloquios mensuales no solo para aprender de otros, sino para estar en contacto con otros. El último hasta ahora tuvo lugar el pasado jueves, con la profesora Sandra Lozano como ponente hablando de los orígenes prehistóricos de la gastronomía. Por cierto, la arqueóloga trabajó en la fundación del Bulli media docena de años asesorando sobre la historia de lo que comemos.

Con dominio del escenario —no se puede negar: es una divulgadora nata—, ilustró a las veinte personas que nos encontrábamos allí. Y, siempre y cuando su aspiración no sea convertirse en funcionarios, diecinueve deberían tener un recorrido profesional como mínimo de sobresaliente. La número veinte es el firmante, a años luz del conocimiento del resto, claro. Menos samba e máis trabalhar.