El restaurante que rompe moldes en el Camino de Santiago con su chorizo de atún
SANTIAGO
Producto local e innovación se unen en la cocina de Casa de Amancio, una casa rústica reconvertida en hotel en Lavacolla
17 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En una pequeña aldea al pie del Camino de Santiago, Vilamaior (en Lavacolla), a solo cinco kilómetros de la meta jacobea, está Casa de Amancio, una típica vivienda rural que fue rehabilitada respetando su estructura original y materiales tradicionales para convertirla en un hotel con mucho encanto. Dos matrimonios dirigen este establecimiento, que abrió sus puertas en el 2017. «Somos Carlos y Patri, él de Touro y ella de Lavacolla; y Belén y yo», indica Javier Míguez, responsable del apartado gastronómico del negocio junto con su esposa, a la que conoció trabajando en Toñi Vicente, donde la santiaguesa era jefa de cocina. Su acogedor restaurante, abierto tanto a huéspedes como al público en general, se sale de lo cotidiano y rompe moldes con propuestas atrevidas, que combinan tradición, técnica e innovación, resultado del afán de esta pareja por explorar y sorprender.
Para muestra, su chorizo de bonito, un trampantojo detrás del que hay «horas de pruebas, ilusión y un equipo que lo da todo entre fogones», dicen. «Surgió en el 2024 porque nos metimos en un proyecto de chorizos de vaca cachena, que también los tenemos en la carta. En la temporada del bonito, se nos ocurrió hacer una versión con este producto del mar», relata el chef coruñés. Además de conseguir un resultado logrado a la vista y en la boca, pusieron la misma dedicación y detalle en hacer un envoltorio a la altura y lo presentan en una cajita de madera (al principio los emplataban en unas tablas de corte con forma de bonito, azul índigo, del mismo color que hace contrapunto con la piedra en los marcos de las ventanas y puertas de Casa de Amancio).
La suya, añade Javier, es «una cocina de mercado y nos gusta mucho el kilómetro cero y el producto de temporada». Entre cocidos y menús degustación, van ofreciendo nuevos platos e «intentamos no repetir nunca, aunque hay alguno que no se puede quitar de la carta porque nos lo piden siempre, como el rodaballo con arroz negro o la marinada de lubina braseada. También trabajamos mucho con algas y tenemos unos miniconos de helado que gustan mucho: de tomate caramelizado, crema de queso y albahaca; guacamole con tartar de langostino; y foie, nuez y curri».
Los helados son otra de las especialidades de la casa, que adquirió su propia mantecadora para crear todo tipo de sabores, pensados para paladares curiosos y menos dulces de lo habitual: helados de queso con membrillo, de laurel, hierba luisa... Tomarlos en verano, en una mesa de su terraza, con una puesta de sol de fondo que parece pintada en el cielo y rodeados por paisajes verdes, eleva la experiencia a otro nivel.