Roberto Medín, arquitecto técnico: «Fraga no molestó nada al construir Monte Pío, solo nos pidió estanterías»
SANTIAGO
El coruñés fue clave en la construcción de edificios institucionales, dejando su sello en consellerías, facultades, la biblioteca de Xoán XXIII o el estadio de San Lázaro
08 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Roberto Medín Guyatt podría pasearse por Santiago y extenderse horas y horas contando historias de buena parte de los edificios que han configurado la ciudad en el último medio siglo. Ha construido facultades, consellerías y dotaciones deportivas y culturales, pero su nombre nunca aparece destacado, como le ocurre casi siempre a los arquitectos técnicos cuando el trabajo está bien hecho. «Nunca me contrataron directamente de las administraciones, pero acabé haciendo obras porque los arquitectos me llamaban», explica. El profesional coruñés tiene una buena nómina de colaboraciones para presumir: con su «buen amigo» Andrés Fernández-Albalat, con el que empezó haciendo prácticas; con Andrés Perea; con Jacobo Rodríguez Losada; o con Manuel Gallego Jorreto, una «bellísima persona» a la que en Compostela ayudó a sacar adelante el proyecto de la residencia del presidente de la Xunta en Monte Pío. «Fraga tenía fama de ser exigente con su entorno, pero durante la construcción no nos molestó nada. Solo fue dos veces a la obra y lo único que nos pidió es que hubiera muchas estanterías para libros», recuerda.
Desde ese privilegiado emplazamiento podía divisar otro proyecto que dirigió, la biblioteca de Xoán XXIII. «Fue una de las obras de Perea más difíciles. El aire va metido dentro de las losas del forjado de hormigón, algo que era muy arriesgado y necesitaba cálculos muy precisos. Por cierto, cuando hicimos el estudio geotécnico no se detectó una enorme balsa de agua, y hubo que hacer modificaciones sin alterar el precio. Eso obligó a utilizar hormigón gris, más barato, en vez de los forjados blancos que estaban previstos. Pero bueno, fue un dinero muy bien invertido», algo que pudo comprobar en distintas visitas posteriores.
Tuvo otros retos técnicos en Compostela, como construir los edificios del Sergas, del Igape, del Instituto Galego de Estatística y de la actual Consellería de Emprego, en San Lázaro. «La Administración quería edificios más transparentes y menos despachitis. Eran edificios avanzados y hubo soluciones complejas del arquitecto Perea, como hacer fachadas continuas sin juntas de dilatación. El mayor problema ahora es que no las limpian demasiado», lamenta.
Medín dejó su huella en el Campus Vida, o en lo que en los años 70 se llamaba la Residencia. Las facultades de Matemáticas y Biología también llevan la firma de Fernández-Albalat, pero fue el arquitecto técnico el que tuvo que sufrir en primera persona las dificultades económicas para terminar un edificio universitario «muy audaz» para la época. «Aquello fue muy complicado, porque arrastrábamos la crisis del petróleo y la constructora era del grupo Rumasa, con los problemas que tenía y cómo acabó aquello».
Por último, alaba el diseño del estadio de San Lázaro, también de Fernández-Albalat. Recuerda bien aquel encargo porque le tocó trabajar a pie de obra en una zona muy amplia «y llena de barro. Recuerdo que en aquella época —se construyó a principios de los 90— cambié de coche y compré un 4x4 para poder ir por allí. Aquello funcionó muy bien y se vio que era muy necesaria la instalación, porque coincidió con la mejor etapa del Compostela en Primera».
El protagonista. Nació en A Coruña en 1950 pero estudió en Madrid, donde se especializó en ejecución de obras. Hizo prácticas en el estudio de Andrés Fernández-Albalat y nunca ha dejado de trabajar con grandes arquitectos. Fue presidente del colegio oficial de arquitectura técnica de la provincia y de Galicia, y es profesor honorario en la escuela coruñesa de Arquitectura.