Peludos de Os Tilos: la pócima de tres mujeres que salvan perros en peligro

Emma araújo SANTIAGO / LA VOZ

SANTIAGO

Paco Rodríguez

En su última odisea rescataron a 14 cachorros y 10 están sanos y adoptados

09 jun 2025 . Actualizado a las 08:41 h.

«¡Por fin podemos decir que la pesadilla terminó!». Con este clarividente mensaje la Asociación Amigos Peludos de Teo, con sede en Os Tilos, dejaba atrás semanas de angustia y trabajo para salvar a dos camadas de perros que recogió esta entidad sin ánimo de lucro, formada por tres mujeres.

En este tiempo, cuatro mini peludos no lograron sobrevivir a una de las enfermedades más graves, la parvovirosis canina, pero todos los demás, bautizados como Patán, Piruleta, Pisto, Pistón, Pocholo, Pelusa, y Pandora, ya tienen un nuevo hogar, al igual que otros tres cachorros que ya no salieron de su casa de acogida.

Detrás de esta historia, con tantas lágrimas como facturas veterinarias, está el trabajo de Paula Naveiro Ferreira, Marta Castro Uzal y Teresa Lema Rico. Las tres se conocieron por su vinculación con Os Tilos, en donde tienen la pequeña sede de su asociación, que está a rebosar de material de cuidado para perros y de las donaciones que reciben para hacer mercadillos con los que sufragar los gastos de la asociación. El colectivo tiene un teaming con microdonaciones mensuales de un euro, un dinero que les sirve para sufragar los gastos de Nala, una perra que tienen ingresada en una residencia porque necesita atención especial, por lo que apenas les queda dinero para otros fines.

Las tres se conocieron al coincidir en los paseos que hacían con sus perros y el germen de la asociación, explica Tere Lema, empezó como un grupo en redes sociales para difundir avisos de animales abandonados o perdidos. Así estuvieron prácticamente un año hasta que encontraron a sus dos primeros milagros: Poppy Y Oli (por Popeye y Olivia), dos hermanos encontrados en un monte de Calo, pero pronto supieron que pertenecían una manada de 17 perros, por lo que asumieron el reto de esterilizarla para evitar más nacimientos.

Y en ello siguen hasta hoy, una tarea para la que necesitan casas de acogida, «porque sin ellas no podríamos hacer nada», añaden sin atisbo de duda. Poppy y Oli estuvieron tres años de acogida en la casa de la persona que se los encontró y ellas contribuyeron llevándolos de paseo y educándolos porque eran mestizos de caza. En una de las escapadas de Oli, recuerdan, «conocimos a María, del Pazo de Adrán, porque una de las perras de la manada paría cerca de allí y nos fue avisando cada vez que aparecía alguna». Poco a poco, lograron esterilizarlas y buscar adopciones para las crías, una tarea que prácticamente han finalizado, lo que, ni mucho menos significa, que estén ocupadas salvando a todos los animales que pueden. «La última fue la de Jade», relata Marta, que echando cálculos alfabéticos, porque estas salvadoras de peludos siguen el orden del abecedario, bautizando a las camadas con nombres que comienzan con la misma letra.

Ahora han acabado con la P, como evidencia su última odisea, con la que salvaron a diez cachorros. La historia de estos peludos surge cuando una persona les pidió ayuda. En realidad se trata del propietario, que vive en una casa en Teo con diez perros sin esterilizar, (cinco machos y cinco hembras), de ahí que naciesen tantos cachorros. A cambio del compromiso de esterilizarlos a todos, la asociación se hizo cargo de las crías, lo que supuso una responsabilidad máxima, un desembolso económico que supera los cinco mil euros y un disgusto aún mayor por los que se quedaron por el camino.

La clínica veterinaria Ronroneo la ayudó especialmente, sobre todo porque atendieron a los cuatro cachorros fallecidos en unas fechas especialmente difíciles, al coincidir con Semana Santa. «Elas son parte da asociación, sofren como nos», resaltan, además de reconocer también a la clínica Media Lúa.