Otra de citas

Cristóbal Ramírez

SANTIAGO

Aver si a la tercera va la vencida. Porque esta es, en efecto, la tercera vez que escribo contra la cita previa como método de control del contribuyente, ese mecanismo de claro abuso por parte de la Administración. Cierto es que poco a poco se va logrando su abolición, como muestra el anuncio de la Xunta del viernes.

La última milonga es que la cita previa permite organizar mejor el trabajo de los funcionarios. Y si cuela, cuela. El funcionario lo que tiene que hacer es estar en su puesto durante sus horas de trabajo legalmente establecidas, ni un minuto más y ni un minuto menos, y rendir a tope en ese tiempo. Como todos, vaya. Y esa es la única organización que procede de cara al ciudadano. Ya internamente los responsables organizarán lo que tengan que organizar.

Cierto es que medir a todos por el mismo rasero constituye enorme injusticia. Las veces que el firmante ha ido por motivos familiares a renovar DNI o pasaportes, que han sido muchas, no ha visto a nadie mirando al techo. Las dos veces que he ido a la Seguridad Social (donde fui tratado con mucha corrección y amabilidad) sí había funcionarios que, como habían acabado rápido con el citado de turno, no tenían nada que hacer. ¿Es culpa suya? Jamás lo afirmaré. Pero que todas las dependencias del Estado abran sus puertas es un asunto no solo de eficacia y, sí, de control de los funcionarios improductivos (que los hay, como en cualquier profesión), sino de dignidad. Y los vigilantes de seguridad, a lo suyo: a vigilar y si hubiera algún altercado, a intervenir. Es tan sencillo como eso. Si no lo quieren entender que empiecen por dar la cara y decir alto y claro por qué. Porque igual estoy errado. Demuéstrenmelo.